Destinatario

Estas son sólo notas de olvido, recibos injustificados, cartas de silencio y telegramas melancólicos que una mujer de vena negra escribió.

miércoles, 20 de marzo de 2013

El sonido del exilio


Las vías del ferrocarril lo llevaron escondido,
partido a la mitad, dividido entre si mismo,
más vacío, menos importante que el sonido
de las multitudes en una riña sin dominios.

Tan profundo como el dolor guardado;
vuelan mil agujas atravesando el cielo,
siento las rodillas débiles cayendo al suelo,
espaldas rotas inundan mis caminos.

La vida se lo había llevado callado,
apenas y respiraba ayer en mi oído,
lo sentí tan vivo, tan dentro mío,
y era una valija perdida de naufragios.

Golpeó tan fuerte como pudo,
la pelvis rota, el coito infortuito,
el dolor, las blasfemias, ningún olvido
y cientos de sombras en el armario.

Tomó tan fuerte las decepciones sin hielo,
el vómito le saboreaba la lengua e
hizo cuanto quiso con mi vergüenza,
hasta volverse una especie de penoso retablo.

Anónimo, imputable, mi desquicio,
le he dado mis tristezas y locuras,
odios reservados y cien excusas
y aún la calma foránea no consigo.

Cruzo las manos sobre mi pecho vencido,
cierro mis ojos, yo ya no respiro,
susurro a mi corazón, apaga tus latidos
y escucha el sonido del exilio.


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