Destinatario

Estas son sólo notas de olvido, recibos injustificados, cartas de silencio y telegramas melancólicos que una mujer de vena negra escribió.
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martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 15.- El árbol de la desesperación


Aquella mañana saliendo del hospital nos dirigimos a tomar un desayuno, al contrario de lo que pensaría se mostró entusiasmado por volver a su casa.
-          No entiendo, pensaría que usted se mostraría temeroso de regresar a donde casi le asesinan.
-          Lucille usted no entiende,  suponiendo que ya saben que estoy bien no me atacarían en mi propia casa, sabrían que estaría pendiente de ellos y llevaría seguridad mi hogar, debemos volver por unas cosas, y usted también, no tardarán en buscarla ahora que saben que está conmigo – La perplejidad sobresaltaba la cuenca de mis ojos al pensar que alguien estaría buscándome para asesinarme y no entendía que relación guardábamos él y yo para que alguien quisiera vernos muertos.
-          No entiendo Señor Farfán, ¿por qué lo buscan? ¿yo que tengo que ver?
-          Usted lo sabe señorita, ambos lo sabemos, acerca del General Monk, del Virus que se ha desatado terriblemente – Mi expresión boquiabierta había dejado más en claro que me sorprendía todo cuanto sabía. Farfán era un amigo mío que tenía 36 años, pero siempre se veía más viejo para su edad y el hecho que supiera todo eso sin siquiera haberlo contactado hasta entonces y sin haberle revelado nada me hizo sentir un mareo como de quien ha perdido el control de sí mismo.
Me levanté de ahí sin decir nada, me siguió hasta poder tomar mi mano y llevarme la delantera toda prisa como si supiera a donde me dirigía y me jalara con su paso adelantado a toda velocidad, llegamos a su casa y antes de abrir la puerta, se aclaró la garganta y siguió hablando.
-          Conoció a esa anciana, la que decía ser usted, ¿la conoció? – Sus palabras parecían querer atropellarse una tras otra con el impulso con que las había proferido.
-          Sí, ¿me dirá que está sucediendo?
-          Esa anciana ¿qué le dijo?
-          Que fuera a Edimburgo
-          ¿Por qué no está allá?
-          No le creí, pasaron muchas cosas… pero dígame ¿qué pasa?
-          Usted y yo iremos a Edimburgo, Messager me contó la mayor parte, estuvo siguiéndola sin que usted se diera cuenta y vio y escuchó todo lo que había pasado.
-          No creerá todo eso o sí.
-          El punto no es lo que yo creo, si no hasta que punto usted cree en todo esto.
Giró la llave y la puerta cedió, sin abrir completamente tras el quicio de la puerta, observó y dio algunos pasos firmes, con señas me pidió que subiera y recogiera mis cosas. Al principio de mi llegada no lo había notado pero cerca de la puerta se encontraba una maleta pesada, ¿sería suya?, corrí subiendo las escaleras, pero me detuve en seco al escuchar una ventana cerrarse del golpe. Esta paranoia me consumía por completo, después de tantos años no tenía sentido que me buscaran, ¿cómo sabrían que sobreviví?, no quedaba nada del virus, la cura estaba hecha yo no tenía por qué ser perseguida; como sea me encontraba ahí, corrí a la habitación y me encerré, tomé lo que pude ya que no había desempacado todo fue fácil para mí tomarla y salir enseguida, no me arriesgaría a salir por la puerta sin saber que me esperaba así que salí por la ventana de la habitación que conectaba a una escalera de emergencia, me deslice… afuera llovía y los vapores de las alcantarillas dejaban salir el calor del drenaje, sentía el frío decembrino cubrirme mientras la lluvia y el viento desacomodaban mi cabello, sentía ese aire llegar por mi nuca haciendo que mi cabello se elevará hacía arriba, mientras ese miedo que crecía en la boca del estomago se hacía presente en mi alma agitada, pronto vi al señor Farfán dirigirse hacia mí por el costado de la casa, cuando unos hombres con pasamontaña salieron tras él, inmediatamente ambos estábamos corriendo por el intrincado laberinto de callejones del que no podíamos salir, no sabía si era desesperación o en verdad estábamos perdidos, poco a poco los dejábamos atrás y hubo un momento en que ya no oímos el sonido de sus radios de comunicación. Al final estábamos rodeados de muros, nuestras piernas no podían correr más, poco a poco volvían esos sonidos de transmisión y no sabíamos a dónde dirigirnos. Crecía la sensación horrible de sentirse presa de algo incontenible, algo que determinaría si vivías, esa desesperante sensación de ser una presa a punto de ser cazada, pero entonces vi las escaleras, por el extremo derecho de una pared de ladrillos había unas escaleras metálicas que subían por el techo de un gran condominio de departamentos, subimos juntos y al llegar al techo continuamos por arriba hasta llegar a una vieja cafetería que se encontraba a tres cuadras de la casa de Farfán, siempre estuvo cerrada y hasta entonces permanecía abandonada incluso por el antiguo dueño; decidimos retirar el tragaluz del edificio y entramos por arriba para evitar encontrarnos con otras personas. Recuperamos el aliento y mientras avanzábamos tomados de la mano durante la oscuridad, llegamos a una pequeña oficina, encendió un pequeño foco y revolvió algunos papeles, parecía que ya había estado en este lugar, y de hecho comenzaba a notar el bizarro escenario; todo excepto esta oficina se encontraba quemado, podía distinguir el olor a madera quemada desprendiéndose de las paredes negras y carbonizadas, prontamente distraje mi vista y Farfán sostenía en sus manos dos boletos de avión.



Salimos rumbo al aeropuerto cerca de dos horas después de la persecución, contábamos con despistar a nuestros seguidores antes de abordar pero ya nos esperaban en la entrada del aeropuerto, creíamos que seríamos atrapados de no ser porque una camioneta detrás de nosotros aceleró arrojando por sus puertas dos hombres que dispararon contra ellos. Uno de los hombres de la camioneta se acercó a toda velocidad haciéndonos descender del vehículo, tomando nuestras cosas nos dirigimos hacia adentro haciendo checar los boletos y entrando escaleras arriba hacia la sala donde partiríamos hacia el avión, un día completo había pasado, este infierno irreal parecía dejarme demasiado asombrada y asustada para actuar bajo mi propia cuenta, esperé junto con él a que el avión cargado nos permitiera subir, mientras detrás de los ventanales gigantes de la sala, el sol parecía meterse con singular rapidez. En diciembre los días morían rápidamente, y me fascinaba siempre tanto la puesta del sol como el amanecer, solía correlacionarlo con el infierno y el cielo, como los tonos naranjas y bermellón se recorrían ante una oscuridad imperante que era el anunciador oscuro de la noche pero al amanecer era distinto, porque los tonos violáceos y azules traían esa luz que me hacía siempre pensar en los ángeles que anunciaban la alborada.

Una niña con un gorro de colores se posaba impaciente en la ventana junto a su madre, un cantinero ofrecía pequeñas bebidas a aquellos que esperaban el vuelo, mientras en el restaurante del aeropuerto se escuchaban  chocar los trastes que eran lavados continuamente y las ordenes de los meseros enviando el pedido de los comensales, mientras yo esperaba que llegara Rogelio para abordar, una vez que él por fin había aparecido regresó mi tranquilidad, lo dejé a cargo de las maletas, y me dirigí al baño sopesando todo lo que había sucedido, me sentía desesperada y no pude evitar emitir un llanto silencioso pero pujante que crecía dentro de mí, apenas podía respirar y apenas podía contenerme. No necesito decir que tuve que sostenerme fuertemente de la cerámica de los lavabos esperando tomar fuerzas. Marqué inmediatamente una vez que me calmé, sabía que en este momento era cuando debía contar con una amiga mía que nos recibiría sin pensarlo en Edimburgo y además ella mejor que nadie podía ayudarme a descifrar que era lo que sucedía.
Regresé junto a Rogelio quien estaba listo para marcharse, tomé mis cosas y juntos subimos al avión, casi parecía que podía liberarme de miedos una vez que me senté en el asiento junto a la ventana. Impotente ante lo que sucedía y cansada de todo esto estuve dormida parte del viaje.
Desperté por la incomodidad de los asientos de avión, además que acababa de pasar la azafata con su carro metálico ofreciéndole a los pasajeros algo de beber y algunos cacahuates. Con ello recordaba siempre como cosas tan poco importantes resultan ser de gran ayuda. Sabía que a todos los pasajeros por obligación debían servirles algo de comer ya que con el viaje algunos podían marearse y vomitar, en todo caso si no tenían nada en el estomago podrían sufrir quemaduras por el ácido gástrico así que era mejor proporcionar algo que evitará ese tipo de incidentes.
El señor Farfán parecía reticente a contarme todo cuanto sabía, pero insistía en mirarle inquisitivamente para que me dijera todo;  tan pronto como bajamos, tomamos un carro que nos conduciría hacia Arselia. Ella era una estudiante de periodismo en Edimburgo, ella era una persona que nunca se quedaba tranquila hasta conocer cada detalle de un hecho y por ello la hacía perfecta para hacer la monografía de toda esta historia que me dejaba mareada.  
Antes de llegar a su casa había un lindero que debíamos tomar, era una especie de camino oculto en alguna vieja intersección abandonada de la carretera, seguía sin entender que relación guardaban Farfán y Messager, mientras el conducía el sol se alzaba sobre los pinos grises de la temporada y el acumulo de nubarrones amenazaba con una llovizna implacable encima de nosotros, había algo extraño en el aire, algo extraño en todo lo que respiraba que me hacía sentir nauseas, de repente una serie de imágenes cruzo mi mente no sabría decir si eran puras imaginaciones o recuerdos de un pasado no muy lejano, la mayoría eran visiones pueriles de la infancia pero una de ellas me hizo sentir que estaba abriendo una puerta que había cerrado en mis memorias, seguramente por una razón que en ese momento no entendía, poco a poco parecía quedarme en una especie de esfera temporal en la que yo era parte de una historia lejana; el verano pintaba de oro todo el esplendor de una memoria feliz que pronto se convertía en un paisaje íngrimo y desolado, salvo por una pequeña figura que salía de un establo cercano, yo, o lo que era una versión de 5 años de mí, se encontraba sentada cerca de un alto pozo de piedra y la figura se aproximaba más y más corriendo a velocidad desde el establo, hasta llegar y detenerse de entero frente a mí. Poco a poco reconocía todo, una vieja hacienda que fuera mi hogar, entonces la luz entraba filtrada por el hueco formado entre nubes y en aquel rostro parecía reconocer pero dentro de esta fantasmagoría de recuerdos un portazo se dejaba oír al extremo derecho, era mi padre saliendo furioso gritando contra mi madre. Lo único que no pensaría después era el tremendo engaño que descubriría; su madre una vez le dijo cuando pregunto qué había sucedido con su padre y su hermano y ella masculló que habían muerto hace tiempo, y dada la expresión ella jamás pregunto que como había sucedido pensando que no quería importunarla, pero ahora era diferente. Su hermano y su padre se esfumaban en un camino parecido a este. Entonces comprendió muchas cosas, comprendió que buscaba en Edimburgo aunque al principio pensaba que tenía más que ver con el hombre fallecido quien sabe donde en La Cruz de Soreboca, era más sobre descubrir lo que la vida no le había permitido antes.
Entonces la visión continuaba, allí estaba ella deprimida por la separación, corriendo lejos donde pudiera estar sola y la imagen parecía querer borrarse y desvanecerse pero se aferraba como un espectador de cine a la butaca de su asiento esperando por ver más de sus memorias y fue ahí que lo vio.  Un enorme roble se erigía alto y umbroso lleno de múltiples huecos que habrían hecho algunos mamíferos pequeños. Vio que escribía algo en un papel, tal vez un deseo, tal vez sus preocupaciones y de pronto surgió entre sus labios como si la corteza de su cerebro recordará todo, ¡El árbol de las lamentaciones!, aquel sitio que simbolizaba cuán grande y oscuro todas las penas que había vivido, como un enorme diario dentro de un tronco en el que arrojaba papelitos en los que escribía sus tristezas; imaginaba a ese gran árbol un ser grande y fuerte que soportaría las penas por ella y jamás sería capaz de decirle a nadie nada, era su mejor guarda de todas las cosas con las que nunca se sentía conforme y parecía sentirse bien de escribirlas y liberarse.


Capítulo 14.- El peligro


Al llegar me recibió una amable enfermera de fisionomía algo robusta y de carácter muy simpático, prontamente me había mostrado toda la clínica y el lugar de almacenamiento de fármacos los cuales ya eran muy escasos. Suele pasar que al momento que el doctor anterior se va y viene el siguiente, ya sea él o los enfermeros suelen hurtar algunos medicamentos y es un problema ya que es necesario encargar más y cuando se necesitan suelen no llegar o no estar disponibles; me fui familiarizando con los expedientes de mis pacientes, muchos de ellos seguían sin tener resuelto un diagnóstico y otros tantos presentaban discrepancias entre los signos y síntomas y el diagnóstico. Durante las semanas siguientes me avoqué a prescribir y diagnosticar cuanto pudiese hacer para que el que me llegará a reemplazar encontrará todo en mejor estado de lo que lo yo lo encontré, así mismo conocer a todos mis pacientes, en ocasiones debido a que el doctor debía dormir o en la clínica o un paciente debía darle asilo, iba y visitaba a quienes ya me tenían más confianza, con frecuencia me invitaban a desayunar, comer o cenar, y a veces era para resolver problemas. Como el caso de un niño de 9 años quien fue mordido por un perro, era necesario encontrar al perro para verificar que no tuviera rabia pero cuando localice al dueño este salió con un machete entre las manos impidiéndome ver al perro. No me quedo de otra que administrar el medicamento por aquello que el perro si tuviese rabia. Otras ocasiones había problemas aislados, llegaban a mí personas por herida de arma blanca o heridas por arma de fuego, y variaban en gravedad algunos solo era una leve herida sin daño a órganos y otras me recordaban mucho a la historia de Gabriel García Márquez y su personaje Santiago Nasar al final del relato. Pero lo más interesante habría de pasar unos días después. Una mujer de 60 años llegó a mi clínica, la enfermera me había indicado que era muda y que todo sería por escrito, pero le hice la aseveración de que podría entenderla si ella utilizaba el lenguaje de señas, cuando la anciana pasó el marco de mi consultorio me miro como si se tratará de un fantasma ante sus ojos, no entendía porqué pero sus manos temblaban incontrolablemente mientras el  color de sus mejillas se desvanecía hasta ponerse blanca por completo.
-          ¿Señora se encuentra bien?- me asintió con sutileza mientras no apartaba sus ojos, le pedí que se sentará y se tranquilizo un poco.
Hice la anamnesis para que en el interrogatorio averiguara más sobre ella, la historia clínica y la toma de signos vitales como de costumbre.  Pero cuando iba a sacarle sangre me detuvo y me indicó ¡CON CLARA VOZ! que me detuviera, me sorprendí.
-          Señora Laura, me habían mencionado que usted era muda.
-          Desde que había llegado no volví a abrir mi boca, y no la abriría hasta verla llegar Doctora Coss.
-          ¿Por qué?
-          Lucille, parecerá algo difícil de explicar pero… bueno debería tomar su asiento doctora.
-          ¿Qué sucede?, dígame.
-          Yo soy Lucille Coss.
-          ¿Cómo dijo?
-          Yo soy usted doctora.
-          Está jugando conmigo, se encuentra bi…
-          Sí estoy bien, y no, no tengo problemas mentales ni estoy bromeando y mucho menos le estoy mintiendo. Yo soy usted, me refiero a que somos la misma persona.
-          No entiendo.
-          Descuide, solo quiero darle esta dirección, es en Edimburgo, Escocia; en cuanto pueda acudir hágalo y no toque a la puerta, vaya por el callejón del lado izquierdo, ahí encontrará a alguien que ha estado buscando localizar desde hace tiempo.
-          Señora ¿por qué me dice todo esto?
-          Porque le ayudará mucho a controlar el problema producido por el virus,  y porque quiero que localice algo por mí. Un pequeño guardapelo con la foto de una persona y le pediré lo lleve a La Cruz de Soreboca, efectivamente doctora, donde empezó su viaje.
Quise preguntar más pero antes de poder continuar con toda la conversación escuché como arremetían contra la puerta a patadas, la enfermera y varios de los pacientes que esperaban en la sala corrieron al fondo de la clínica donde me encontraba, la enfermera me había mencionado que uno de mis pacientes había estado teniendo problemas para solventar los gastos de la clínica porque a su trabajo iban unos hombres exigiéndole dinero a manera de cuota para que no lo destruyeran, al parecer venían a buscarlo. Temeroso  se escondía atrás de la enfermera que hacía todo por quitárselo. Finalmente traté de que todos se escondieran y Carlos que era el nombre del paciente escondido tras la enfermera, lo obligué a ocultarse dentro del almacén de fármacos. Los hombres armados tumbaron la puerta y apuntándome con el arma me preguntaron por él. Les dije que lo había hecho salir por la puerta de atrás, dejaron que uno de ellos saliera por ahí, mientras los otros dos seguían en la habitación. Pronto le ordenó a su compañero que buscará en toda la habitación, temía que lo encontrarán e insistía en que se habría ido, hasta que se acercaron al almacén.
-          No puede entrar ahí, hay… hay… hay microorganismos infecciosos, cadáveres y… basura clínica…
-          Entra – Ordenó el hombre.
-          ¡No!
-          Dispárale...
Tenía su arma frente a mí de un segundo a otro sin razonar la orden dada me disparó, y aunque pensé que sería en el costado, el pecho o la frente, solo fue en un pie. Caí presa de un intenso dolor y no pude detenerlo, a balazos retiró la chapa de seguridad y con una patada cedió la puerta, posteriormente oí varías suplicas, llanto y después... El hombre salió  con su arma y posteriormente los tres abandonaron el lugar. Me ocupe de aliviar la tensión de los pacientes mientras la enfermera me ayudaba a hacer curaciones de la herida, en cuanto a Carlos lo retiramos del almacén y llamamos a sus familiares, debido a la situación pedí a una funeraria que me ayudaran a preparar el cuerpo antes de que llegará la familia y lo viera así, tratamos de reparar algunos problemas y pedí a el Hospital que se dispusiera de algún guardia de seguridad, aunque sabía que no sería suficiente posiblemente permitiría que alguno de los pacientes se sintiera seguro de venir, además de un manual de procedimientos para este tipo de situaciones que tanto personal como usuarios pudieran seguir. Posterior a eso, sabía que este tipo de problemas no tendrían una fácil solución, así que trate de dejar eso muy claro entre los habitantes por otro lado pedí un reemplazo a la clínica para acudir a sanaciones de la herida, hasta ese momento lo que me hubiese dicho la anciana era poco importante.



Y sería poco importante hasta que una noche mientras aguardaba sentada en la biblioteca de un viejo amigo cuya historia fue motivo de todas mis extrañas andanzas por la vida y también quien me llevó a ver siempre más allá de lo fácilmente perceptible, me hizo darme cuenta de algo; yo fumaba en su acogedora biblioteca mientras el mes de octubre se manifestaba con un olor en el aire a cadáver de hojarasca, la lluvia aumentaba ese olor opresivo a humedad y las rosas que en primavera pudieron haber lucido el escarlata más vibrante hoy solo eran el recuerdo de la vejez de toda vida, marchitas y negras ansiaban que octubre acabara pronto. El cigarro era lo único que calmaba esa ansiedad desde esa ligera opresión que llegaba al mediastino hasta esa liberación lenta y luego la sensación rasposa en la garganta, nunca le había encontrado sentido pero tampoco me detenía de seguir fumando. Mi amigo Rogelio Farfán era un reconocido filósofo de los tiempos modernos, un hombre solitario cuya imagen te recordaría a alguien que se ausentó hace mucho tiempo, a alguien que parece distante y perturbado de este mundo como muchos genios literarios lo fueron, en ocasiones su carácter sombrío podría definirse al estilo puro de lo grotesco y lo arabesco tal cual Poe pero junto a esas maneras de conducirse y hablar me recordaban al estimable Lord Byron, por eso para mí era todo un caballero. Él se había ofrecido a acogerme en su estancia la noche de la festividad más común en diciembre  y parecía siempre sumergirse más dentro de sus libros que a la charla cordial con las personas, ello me permitió husmear un poco en su extensa biblioteca cuya vasta colección me inspiraba a tomar sus libros y dejarle una nota de ¨ Te los devolveré cuando termine¨, lentamente tomé uno mientras esperaba que regresará y me indicará donde habría de quedarme, yo vestía un jersey negro y una camisa blanca junto a unos jeans negros, mi cabello para entonces se encontraba muy corto pero se veía bien aun cuando no hiciera nada por arreglarlo. Siempre me había encantado esta tradición que Farfán hacía cada diciembre y más aún la gloria de aquellos tapices rojos y ceremoniales que solo en tiempos antiguos se recordarían, adoraba que nos citara a toda la comunidad de escritores y artistas que siempre se congregaba en estas fechas, era sin duda lo único que disfrutaba, además estaríamos listos para el reto; cada año en época decembrina culminábamos en la lectura de varios escritos y cuentos cortos, algunos declamaban, otros ofrecían actuaciones, afortunadamente no faltaban los pintores, era el mejor festival literario y artístico al cual solo algunos éramos invitados, y Rogelio quien sabía de mi ciclópea fascinación por ello después de la medicina siempre se ofrecía a recibirme.  Aquella noche fue éxito como todas las anteriores, un fino banquete con comida nacional, una excelente compañía entre agradables personajes, un ambiente lleno de humor y seriedad en cada tema, algo que solo increíblemente se podía lograr aquí, y la representación de miles de obras solo compartidas en este grupo. 


Aquella noche, después de que la mayoría de los asistentes se había esfumado, Rogelio se encontraba disfrutando de un Shiraz  frente a la ventana, la noche era abrumadoramente oscura, las calles estaban vacías y solo las caras de los demonios se veían en el vapor que salía de las alcantarillas, pero eran otros demonios los que siempre experimentaba el distinguido Rogelio; no queriendo perturbar ninguna de sus elucidaciones me dispuse a retirarme también no sin antes tomar un poco de un suave vino rojo, fue el momento que cruzaba el vestíbulo cuando un sobresalto me hizo soltar la copa que sostenía, el cuerpo de Rogelio yacía en el salón convulsionándose. Corrí inmediatamente, de su boca despedía espuma blanca, sin duda había ingerido pastillas, recuperé una del  frasco junto a su mano, parecían antidepresivos pero hasta ese momento me deje cegar por la idea que él pudiese cometer suicidio; la realidad fue diferente una  vez que despertó, no era desorientación ni pesar como se esperaría de alguien que despierta frustrado de su intento, era miedo, un miedo que solo su mirada podría describir con lagrimas, no hablaba, pero es que el mismo horror le impedía decir algo. Me asusté y me acerqué a él abrazándolo. Se aferraba fuertemente a mí como si por alguna razón alguien pudiese llevárselo de ahí para no volver. Pronto sentí su respiración más tranquilo y su voz aclarándose para articular lo que el necesitara decir.
-           Esta noche querida Lucille han intentado envenenarme – Mi expresión de incertidumbre no se hizo esperar, con la mirada le pedía que se explicara más
-          Lucille a la fiesta asistió un invitado no deseado, alguien entre la concurrencia de esta noche no se había esfumado aún, no pude reconocerlo, apareció como una sombra detrás de la oscuridad del gran librero y se abalanzó sobre mí obligándome a ingerir veneno.
-          Rogelio, junto a usted solo había un frasco de antidepresivos, no veneno.
-          Era veneno mi querida Lucille, y necesito que lo saque ahora de mi organismo.
-          Pediré exámenes de sangre pero podrían tardarse demasiado, ¿no escuchó algo que pudiese decirnos qué clase de veneno era?
-          No lo sé
Inmediatamente hice los exámenes correspondientes un muestra de su sangre y se su boca podría darme una idea si es que aún quedaba rastro del veneno, afortunadamente el haber hecho el lavado de estómago fue accidentalmente una ayuda para evitar el mayor daño posible, una vez que obtuvimos resultados solo era cuestión de mantenerlo lejos del peligro y esperar su recuperación.


viernes, 8 de julio de 2011

Capítulo 13.- Esprit de Corps, (Espíritu de Cuerpo) el orgullo de grupo.

¨Hasta ahora sólo he descubierto la bestialidad extrema en el reino de lo humano, y por ello no puedo rastrear sus huellas ni preguntar por sus motivaciones más que en este reino. Y no podré renunciar a esta indagación si no quiero convertirme en  instrumento de la crueldad, es decir ser un portador y transmisor desprevenido. Si volvemos la espalda a cuanto nos resulta incomprensible y lo calificamos, indignados, de 'inhumano', nunca sabremos nada sobre su naturaleza y corremos más facilmente el riesgo de apoyarlo la siguiente vez con toda ingenuidad e inocencia.¨ Alice Miller.


Estuve retomando todo el trabajo desde que regresé a San Vicente Alcázar, mi Hospital donde laboraba en México, ocasionalmente recibía mensajes de Messager quien había logrado contactarme desde Francia; solíamos usar un sistema de encriptación de códigos ya que él era muy paranoico con respecto a la comunicación, este sistema utilizaba algoritmos y símbolos que podían transformarse, durante el camino en la línea de comunicación, en mensajes irrelevantes e insulsos pero al momento en que se recibían siendo traducidos en el sistema el mensaje solía llegar coherente e íntegro de acuerdo con el párrafo que se deseaba transmitir. Constantemente le hacía preguntas respecto a lo que él hacía y por lo que podía entender muy bien su profesión. En cuestiones de fuerzas militares, agencias de seguridad privada y secreta y las cuestiones de las organizaciones no gubernamentales y gubernamentales actúan todas sobre la psicología y educación de sus usuarios, entiéndase así, las organizaciones que se encargan sobre el sector de seguridad en un gobierno son los que deliberadamente más ahondan en alentar el orgullo dentro de sus filas, y lo hacen a través de medios identificatorios que consisten en:



- Desarrollar una insignia de grupo


- Banderas de cada unidad


- Distintivos especiales


Y no solo eso, también dentro de cada grupo variaciones especiales dentro de los uniformes o reconocimientos dentro de cada sector como las medallas, los listones, las estrellas o incluso algo simple como las boinas negras y verdes.


Esto logra la comparación entre el grupo y la competitividad prolífica para los objetivos de esta organización que busca que todos sus hombres, sin pensar en lo que hacen, obren de manera que obtengan ese reconocimiento, en otras palabras hacer algo sin pensar solo por un premio. A veces los grados en que compiten son alarmantes, primero en el entrenamiento, luego en las prácticas de batalla y finalmente… en las bajas enemigas. Muchas veces la manera en que los usuarios son atraídos a estas organizaciones es llegando en la manera en que ellos necesiten identidad y pertenencia, otros son atraídos por la seguridad y lo que promete la organización como la camaradería, el sentimiento de fuerza o poder y el sentimiento de ser alguien importante para ellos, es por eso que las organizaciones se ayudan en la tradición e historia particular de la nación a la que sirven y pertenecen. Messager comentó que en muchas ocasiones sus superiores le habrían pedido hacer cosas de las que el mismo se arrepiente pero por las que en ese momento no reflexionó siendo el lema principal servir a la organización que te creó. Los lemas, alocuciones, tradición y enaltecimiento del heroísmo reforzado a diario en sus estudios y entrenamientos es lo que forma a una persona capaz de matar cualquier obstáculo para la organización sin importar la condición, edad, sexo o economía. Otras formas son gestos como el saludo, el estricto y rígido ceremonial, ritual de iniciación, y el protocolo, lo que los hace diferentes de los ciudadanos normales de una nación. Es lo que concluí como preparar a cientos de hombres y mujeres especializados en infligir la muerte, la destrucción o burla del enemigo y en los extremos… enfrentar la propia muerte. Además claro del narcicismo de creer que los que ¨están dentro¨ son mejores que los que ¨están fuera¨ de este organismo social, fomentando un odio hacia los otros grupos que no son como ellos o que no actúan bajo las intenciones y objetivos por los que ellos luchan; en palabras de Messager del último mensaje que recibí fue: el ser uniformado y estar preparado para morir si las condiciones y circunstancias así lo piden y para el uso de armas mortíferas es una situación que no solo realza el narcicismo, ya que ese grupo especializado se le ha conferido el poder sobre la vida y el permiso sin límite para quitarla y sin embargo… la humanidad contempla perpleja y apesadumbrada detrás de pórticos y medios que la destrucción voluntaria e intencional de seres humanos es algo presente en la realidad, no algo de ayer ni algo de mañana, algo que hoy y cada día se hace más próxima a nosotros dados los grandes avances en tecnologías armamentistas y progresos en el área armamentista biológica, y el fracaso sostenido en la resolución de conflictos sin mencionar todo el dinero y las manos que lo manejan a favor de sus fines sean buenos o no.


Hubo ciertos momentos en que me asuste sobre las cosas que Messager me confesaba, existen ciertas organizaciones militares en Latinoamérica que en la formación de oficiales y soldados se les induce a encariñarse con un perro, luego lo deben exterminar y descuartizar de la manera más cruenta posible y la oposición es castigada con oprobio obviamente por los mismos compañeros que ven el rehusarse como signo de cobardía y traición. Sin embargo del último mensaje a Messager le conteste que no por ello eran totalmente unos seres malvados y grotescos o al menos no todos operaban así. En la Ética Médica y la Historia de la Medicina hemos notado como varios Medicos que eran considerados grandes investigadores o inventores de grandes tecnologías o medicamentos en cuestiones de salud eran plausibles de ser idolatrados pero en cuestiones morales eran personas que podían condenarse por su ética y moral además de su falta de humanidad. Un ejemplo contundente de esto es que R.J Lifton formulará el concepto de Desdoblamiento, ¿qué es? Se puede entender que para entender este tipo de personas ¨normales¨ e incluso buenas y gentiles pueden llegar a efectuar un mal extraordinario en forma prolongada, rutinaria y sin el menor asomo de ¨echarse pa´ atrás¨ y sin sufrir una desintegración psicológica total. Esto es parte de la psique de todo ser humano, es como nuestro sistema de defensa contra situaciones como accidentes, calamidades, pérdidas extremas, es una adaptación aunque algunos, claro, lo superan mejor con drogas; nótese que este concepto es diferente del de disociación, aquel en el cual el sujeto deja de responder al ambiente y las circunstancias. En cuanto a esto me sentí completamente identificada, el haber envenenado a todos los soldados hasta el mismo General Monk, fue la manera en que creí mejor para dar por acabado su misión. Para entender esto lo asocié a un relato en alguna de las clases que tomé de Historia en la Medicina y Psicología; el médico Nazi como individuo necesitaba un ¨sí mismo¨ que pudiese laborar en Auschwitz y funcionar psicológicamente en un ambiente cruel opuesto a sus normas éticas básicas, mientras que al mismo tiempo necesitaba otro ¨sí mismo¨ previo para seguir considerándose un médico humanitario, el buen esposo y padre de familia. El ¨sí mismo¨ de Auschwitz debía de ser autónomo pero también tenía que estar conectado al ¨sí mismo¨ anterior del cual surgió. Es entonces el desdoblamiento un mecanismo de adaptación externo impulsado solo por circunstancias externas, una supervivencia psicológica hacia un ambiente rodeado de muerte como lo es el campo de batalla.



Eso me hacía pensar mucho con respecto a la culpa moral o la alteración que pudiese tener él con respecto a la percatación y conciencia moral. 


Por otra lado apartando un poco el tema militar y a Messager, yo había sido enviada a un pueblo rural por parte del hospital a petición del director en sistemas de salud, presentí que me enviaban lejos porque no querían que mis sentimientos respecto a mis recientes pérdidas pudiesen dificultar el trabajo en el Hospital, el pueblo se encontraba cerca de la región de Durango rodeado por desierto y escasa vegetación, y bipartido por una única carretera vieja y agrietada; el centro de salud donde trabajaría, poseía lo que todo centro de salud posee en regiones que no rebasan los 2,500 habitantes que es: solo una enfermera, un promotor de la salud que es escogido por la misma comunidad y en el cual su función es solo tratar casos frecuentes pero de poca complicación, esto me hacía sentir como cuando era lo que se dice ¨Pasante¨ en Estados Unidos o ¨Estudiante en servicio social¨ en México.



Tras la roídas calles caminaba siseante, escuálida, casi agachada y nada ufana puesto que me encontraba en un lugar que no era mi hogar y en un sitio en que todos eran extraños para mí, sin saber cuales eran sus mañas, su cultura, sus tradiciones y en el peor de los casos su dialecto, pero trate de mostrarme algo altiva y confiada de otro modo dudarían en acudir a mí en cuestiones de atención; todo el pueblo era sin duda de un estilo clasista, lo veía por las condiciones y la estructura de las viviendas, el centro al que acudía era una casa un poco más grande que las demás ya que ofrecían servicios de estadío temporario para aquellos que tras una enfermedad o accidente no pudieran regresar en las condiciones a su casa.


Me detuve un momento frente al centro que apenas se dejaba ver entre arboles altos y umbrosos mientras la tarde no se decidía entre el brillante rubio de los rayos o la oscuridad del espacio entintando de púrpura como quien extiende la alfombra a la noche; varios ojos ya se habían asomado entre las cortinas fisgoneando quien habría de ser el nuevo doctor o en mi caso doctora mientras que yo me acercaba a tocar, en el pórtico un farol daba la apariencia solitaria de los alrededores cuya luz se reflejaba en un estanque situado frente a la casa, a la derecha se levantaba una ciclópea torre de argamasa que culminaba en una cúpula derruida donde seguramente guardaban el centeno para el invierno y por el otro lado de la morada, una noria tímida apenas sobresalía entre los arbustos, de todos los lugares este tenía más vegetación pero mucho halo de misterio.

domingo, 3 de julio de 2011

Capítulo 12.- Desolación dividida

Nota del autor: Finalmente después de varios meses he recobrado inspiración para seguir escribiendo los capítulos de esta historia ¨Sin nombre¨ de la cuál se tiene todo solo hay que reunirlo :) y cualquier comentario o sugerencia es bienvenido.

Capítulo 12.- Desolación dividida



Parecía curioso, aun para mí como Doctora, que siempre me había maravillado por la cuestión de que cuando una persona recién fallece, todo en ella parece vivo, cierto su corazón no latía, ni tenía respiración, pero lo más notorio de la ausencia del alma, era percibida en sus ojos, cuando una persona estaba en rigus mortis su mirada perdía ese brillo de luz, y solo por eso sabía que existía un alma dentro de las personas, solo por ello me maravillaba más del cuerpo humano y su relación no solo anatómica o fisiológica sino algo más. Después de aquel claustro 3 años atrás  con el General Ferdinand Monk  muchas cosas me habían sucedido; después de mi encuentro con Messager decidí regresarme a México no quería vivir aturdida, el interrogatorio me había hecho recordar la muerte de Darío; sucedió que después de estar todo ese tiempo encerrada a merced del General regresé a Montpellier buscándolo sin embargo no esperaba la cantidad de cosas que podían sucederme. No podía dejar de temblar, cuando murió en mis brazos al verlo irse así; siempre me decía a mi misma que por favor no fuera él quien ingresará a mi hospital; era lo mismo para cada caso, entraban casos y casos cada día y siempre recé porque no fuera él, y en esta ocasión no pude haber hecho nada. Cuando Darío murió pedí al hospital hacer los preparativos de su funeral; salí así como así, aún caía mi cabello sobre unos delgados y delicados hombros, ejercer medicina a veces me robaba tiempo para comer, ese día tampoco probé alimento alguno; pero era ya parte de mi pasado porque después de mi encuentro con Messager en Francia y todos los demás sucesos mencionados,  me hacían pensar sobre alejarme nuevamente de esta vida, por eso regresé a México a trabajar en San Vicente Alcázar, pero al regresar trajo consigo muchas cosas, pasaron días sin dormir en las que tenía pesadillas que recreaban el día en que Darío murió,  y sucedía así: después de que lo despedía para que le hicieran la autopsia salí del Hospital para despejarme, caminé varias calles hasta que me sentí más perdida que nunca, entonces entré a un bar de ¨mala muerte¨, no era tanto para beberse las penas si no que necesitaba usar un baño. Con la luz neón que brillaba intensamente veía a través del espejo mi rostro, mi atuendo, llevaba la bata clínica y debajo de ella una palestina azul vibrante sobre una blusa gris y unos pantalones de mezclilla rasgados, al verme a ese espejo me vi horrorizada de mi misma. Tras observarme en aquel asqueroso y manchado espejo, aún con un estupor delirante creí haber olvidado lo sucedido, con esa bata blanca moteada de sangre, empapada en la sangre del ser que amé; no resistí más verme en el vidrio aquel y con un golpe de furia  a puño cerrado deshice el espejo en pedazos, no me dolía el hecho de haberme cortado los nudillos, me dolía más no haberlo salvado a tiempo, el no haber podido estar ahí con él. Salí del lugar, deje la bata en el lavabo sucio y sin importar que varios de los asiduos del lugar me observaran con espanto tras verme las marcas de mis dedos llenos de sangre en el rostro, tan solo caminé; hubo quien me pregunto si estaba herida, pero no me detenía, ignoraba todo y a todos; salí y pedí el taxi, me fui a mi casa aún cuando sabía que sentiría más soledad quemarme en el alma ahí más que nunca.


Llegué, me deshice de mi ropa oliendo a muerte, regándola desde el pasillo hacia el baño, esperé a que la tina se llenara y estuviera caliente, y como si sintiera miles de brazos presionándome me quité lo que restaba de ropa con desesperación, quería deshacerme lo más pronto posible de la sangre; una vez que terminé de tallar con fuerza cada rastro de este líquido rojo, puse una toalla sobre mi cara y me quede dormida, cuando por fin desperté noté el agua helada; había dejado la ventana abierta ya que odiaba el vapor que se desprendía y quedaba en los vidrios y espejos, noté la brisa del invierno, fecha decembrina en que regresé de mi pesadilla en Chile, y tan pronto salí me vestí aunque no sabía si iría a la clínica para preparar papeleos de defunción ya que la imagen de él sobre la camilla, ahogándose en su propia sangre, me había dejado mareada aún en aquellos días sin embargo fui y preparé todo; me encontraba muy bien según yo, o tal vez con todo esto no sentía lo mal que me encontraba realmente. Estaba llevando unos papeles a la morgue cuando todo en mí se desvaneció, sentí como la vista se inclinaba y yo perdía el conocimiento, poco después desperté en una camilla de terapia intensiva, que ¿era lo que hacía ahí? una Doctora nueva de la que me había hecho amiga antes de mi secuestro estaba al lado de mi cama revisando mis signos.



- ¿Qué sucedió?


- A las 0430 hrs sufriste un colapso anatomofuncional , tus signos decayeron, perdiste el conocimiento cerca de dos horas, hicimos unos estudios y hay algo que decirte.


- ¿Qué?


- Debido al estrés perdiste tu bebe


Esas tres palabras fueron el cuchillo que me atravesó. Todo el estrés que viví, la muerte de Darío, mi secuestro mi claustro, la mala alimentación, todo esto se conjugó en un estrés muy grande por lo cual el bebe no soportó y murió in útero, por alguna razón pensé que sería más fuerte y que lo tomaría muy fácil, sin embargo hubo un momento en que sentí caer sobre mis hombros el peso de todo esto tan repentino, no sé porque, pero una exacerbada sacudida inundo cada músculo, es como si la realidad hubiese dado su acto de presencia, me inunde entre los cobertores de mi cama, y sentí la ardiente necesidad de llorarle de sentirme mal, de sentirme falta de él mientras mencionaba entre mis temblorosos y mojados labios ¨alma pequeña que fuiste el soporte de mis esperanzas para seguir adelante con mi vida, ¿Cómo pudiste irte?¨ y ahí terminaba mi sueño fatal, con la perdida de los seres que me amaron y que amé; y todo este desastre de mi vida comenzó con el secuestro del General Ferdinand Monk, mi claustro de 3 años creando el virus, mi regreso a Montpellier desde Antofogasta, Chile, mi llegada al Hospital con Darío moribundo y su desenlace en muerte, la pérdida de mi bebe, casarme de nuevo con un hombre que me amó mucho a pesar de nuestras peleas, su caída en aquel cerro en Umuraccaray, mi viaje hacía España para descubrir unos caníbales, el desastre del tren, mi encuentro con Messager, el interrogatorio, la entrega del antiviral, mi regreso a México a San Vicente Alcázar, así podría entenderse toda mi historia… más lo que aún me falte por vivir.

lunes, 7 de febrero de 2011

CAPITULO 11.- El borde de lo insano


Una vez terminada la entrevista, salí, nadie me detendría de irme, había decidido dejar a la custodia de ellos el antiviral, y ellos me aseguraron que no volvería a ser partícipe de ninguna operación y que sus misiones de ahora en adelante para atrapar a los responsables no se verían más inmiscuidos con mi vida, había sido suficiente, verdaderamente suficiente de todo esto, y mi vida no acabada de dejar de tener tantos problemas, me marcharía no sin antes hacerle una pregunta a Messager.


- Cuando te ayude a crear la distracción para que escaparas realmente nunca necesitaste mi ayuda, ¿no es así?
- Si la necesitaba, pero no en la forma que tú esperabas; te pedí que hicieras la distracción solo por dos razones, la primera era porque ellos ya poseían uno de los tubos del antiviral.
- No había más de una probeta.
- No donde tú estabas, pero sí de otra de las bases, sin embargo entre estas dos muestras la diferencia es estridente y sin embargo causarían las mismas patologías si se recrearan ambos virus solo que con diferente mutación. Pero eso no era todo, ellos tenían tus apuntes, los que realizaste para la creación del virus, además de mis armas que tendría que recuperar, sí, las mismas que viste cuando manejaba la motocicleta, de cualquier forma hubiese escapado con todo, pero era más sencillo distraerlos y salir huyendo, porque debes saber que estas personas son aún útiles para la detección de quien está por detrás de todo esto.
- Entiendo.
- ¿A dónde iras?
- No te diré. Solo me voy ya quiero deshacerme de esto.
- Por cierto, la muestra que enviaste resulto ser un caso real de canibalismo, ya fueron tratados y el virus les ha sido extraído.

Su comentario ya no era algo que me importará hasta estos niveles.


Estaba frente a él, pero él ya no estaba frente a mí, su alma se desvaneció como el foco incandescente que se funde ante mis lagrimosos ojos, yo solo vi correr la sangre ya casi coagulada sobre su pecho por la camilla rumbo al quirófano, recorría la mitad de su cuerpo deslizándose por toda la blanca camilla ahora entintada de un rojo oscuro para finalmente derramarse en el piso, toda su sangre había dejado una pista desde la ambulancia hasta aquí donde intentaría salvarle, trate de que me mirara a los ojos y se quedara conmigo, presionaba con fuerza su mano con la fuerza que creía necesaria todo porque su alma no desapareciera, pero fue inútil él se moría.

Por un momento todo sonido en el hospital fue acallado por las palabras que le dijo aquel hombre herido de muerte.

- Pensé que no te volvería a ver… pensé que habías muerto… pensé que ya no te vería sonreír, que no te abrazaría nunca más, me sentí mal, debí estar a tu lado, cumplirte la promesa hasta el fin, debí incluso amarte más de saber que de mí te irías lejos…

- Yo nunca me fui – Dije entre mi patética voz trémula y mis ahogados y calientes sollozos – Estas equivocado, yo nunca quise irme, nunca me fui ¿por qué lo dices… quién te dijo eso?

- Tú dejaste una nota diciéndome que ya no me amabas, que odiabas haberte comprometido conmigo, que odiabas tu vida y el hijo que engendrarías, no quise creerlo pero esas palabras me penetraron peor que esta herida...

- Yo te amo, ¡jamás me hubiese alejado de ti!, te amo, ¡mírame! escúchame no te vayas, ¡quédate!

- Quiero un beso tuyo, quiero irme con la calidez del amor que perdí…

Se inclinaría sobre él, pero al momento de estar cerca, sintió la huida de un suspiro proveniente de su cuerpo, finalmente había caído. Sus ojos estaban vacios, tenerlo tan próximo en ese instante en que dejo de respirar decayó sobre ella, con tal vorágine de impotencia, enojo, tristeza y odio; todo la arrebataba de su intento por salvarlo de la muerte, ya no quedaba nada por hacer; empezaba a temblar sobre sí misma sin control, tuvieron que sentarla pero en ese momento solo pudo romperse en llanto y el cuerpo de su prometido estaba siendo llevado a la morgue del hospital, volvían sobre ella la imagen de su mirada mientras se le iba el alma.

Son extrañas la reacciones y las cosas en que pensamos cuando nos encontramos bajo un trauma, recordó un artículo de hace mucho tiempo sobre que el oído es el último órgano que muere, es verdad, el oído es el último órgano que perece cuando se declara muerta a una persona. Justo en el instante que una persona pierde la vida, el corazón se detiene, la piel se queda rígida y adquiere un color grisáceo, todos los músculos se relajan, la vejiga e intestinos se vacían y la temperatura corporal decae rápidamente. Recordó que existe un ritual que muchos peritos de los semefos en diversas partes del mundo realizan justo al momento de llegar al lugar del crimen y también era aplicado entre sus amigos médicos forenses justo antes de comenzar la autopsia, que consiste en comentarle al difunto que ya falleció. Por más irreal que parezca la escena, muchos médicos antes de comenzar se acercaban al cadáver y le susurraban al oído que todo había terminado, que la vida se le ha ido de las manos y que lo único que resta es descansar, después comenzaban a trabajar.



Por encima de la premisa que asegura que después de la muerte el cerebro se desintegra: no puede conocer, comprender o recordar nada, todas las emociones cesan; el ritual mencionado anteriormente está infundado en que el oído puede ser él o de los últimos órganos que muere o se desconecta, aun después de 24 horas. Lucille seguía cavilando mientras el mundo afuera era un Slowmotion (cámara lenta), todas estas ideas surgían disparadas como fuegos artificiales; de acuerdo con la Biblia, al morir tiene lugar el proceso inverso que ocurrió en la creación, como se narra en Génesis 2:7, que describe:
 
¨Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.¨
 
Para culminar el círculo con el versículo Eclesiastés 12:7, que refiere: ¨y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu aliento de vida, vuelva a Dios que lo dio¨
 
Las personas que han sufrido un pasaje entre la vida y la muerte mencionan situaciones únicas en las que explican que a través de los sentidos, principalmente el oído, percibieron señales y voces en su proceso. Tal parece que la muerte que necesariamente es una etapa que hemos de experimentar pero sin oportunidad de compartirlo. Entonces disparada como estaba la doctora alcanzó la camilla y detuvo a los enfermeros, les pidió que se fueran y ellos accedieron y en un acto póstumo a la muerte de su amado, besos sus labios y acercándose a su oído pronuncio a media voz…
 
- Te amo, no como las ¨Bodas Negras¨, pero si como puedo amarte en mis recuerdos… Te amo descansa…
 
Lo despidió y se fue.
 
¨ Todo era un sueño más, recordó lo que había acontecido nuevamente que regresará de su encierro, recordó haber regresado a México buscando a Darío, recordó haber gritado su nombre por la casa y solo haber recibido como respuesta el silencio inoportuno, pensó en indagar en el hospital y fue ahí cuando lo vio tendido moribundo en una camilla de sabanas blancas… ¨
 

miércoles, 2 de febrero de 2011

CAPITULO 10.- El asesino


Poco a poco cada uno de los soldados caía postrado a su muerte.

- Tengo entendido Doctora que ingerir, inhalar o inyectarse ricino solo podría producir una muerte segura entre 36 y 48 horas, ¿cómo es que logró una muerte tan veloz de tan solo unos minutos?.- No lo hice, no tuve nada más que ser paciente.

- No la entiendo.

- Vera en los últimos días yo me encargue de la preparación de los alimentos de todo el regimiento, mientras distraía al general, iba y venía agregando Ricino en cada alimento que consumían, el efecto tardo mucho más de lo esperaba realmente hasta 39 horas, pero sabía que funcionaria.

Cada soldado caía presa de los efectos de este veneno que se actualmente se usa en el terrorismo, así pues, murieron con el sufrimiento que debían tener.

- Insisto en interrumpirla doctora ¿cómo fue que se entero del uso de este veneno?

- En 1978 mi madre estaba de intercambio en Londres para una investigación de verano, ella me relato que un amigo suyo, reportero de Bulgaria que residía ahí, falleció después de ser atacado por un paraguas.

- ¡Doctora esas son tonterías, eso no tiene absolutamente nada que ver con el Ricino!

- ¡Claro que si Jonathan!, escucha, al parecer, el paraguas fue modificado para inyectar una píldora de Ricino bajo la piel del reportero.

- ¿Cuáles serían los efectos generados?

- El ricino trabaja penetrando el cuerpo de las células e impidiendo que las células hagan proteínas, sin proteínas las células perecen y eventualmente, ya que la célula es la unidad anatómica, fisiológica y de origen en el ser humano, el cuerpo se empieza a debilitar y perecer.


Los soldados empezaron a manifestar los síntomas por ingestión, primero fue la hemorragia interna en él estomago y los intestinos que condujeron al vomito y diarrea con sangre. Eventualmente, el hígado, el bazo y los riñones dejaron de trabajar, y todos murieron en el lapso esperado antes de la hora, más se sabe que no existe cura, no existía posibilidad de sobrevivientes. Cuando todos hubiesen caído, intentamos salir pero era inútil con el misil activado para su detonación aunque hubiésemos matado el ejercito de Monk no había manera de parar el virus, y nosotros seguíamos atrapados; estuve recostada pensando cuando sentí un leve aire, no sé si habría sido mi imaginación o un vientecillo colado del exterior por la puerta pero sentía ese aire provenir de algún lado, intente seguir a mis sentidos y di con lo que parecía nuestra efectiva salida; en el borde inferior del muro norte que daba hacia la fosa común donde tiraba los cuerpos, se encontraba una especie de coladera, era increíble pues de las celdas que yo visitaba cuando un preso se enfermaba, ninguna tenia coladera, excepto esta; busque en mis bolsillos, plumas o parte de mi material de disección, no había nada, busque con los demás doctores y conseguí un pequeño desarmador de lentes, tendría que servir, los tornillos de esta coladera no eran tan grandes, lo tome y comenzaron a ceder uno por uno los tornillos, hice que levantaran con fuerza la coladera hasta que fue removida, no era lo suficientemente grande para que todos pudieran salir, pero no hubo problema, después de dejar que los que pudieran salir lo hicieran, tomamos las varillas de metal del camastro en la celda, uno de los jornaleros que estaba con nosotros era lo suficientemente fuerte para arremeter contra el cemento débil la misma, empezó a golpear con dureza y la estructura se demolía, finalmente parte del piso comenzaba a cuartearse y caímos precipitados a una montaña de cadáveres en la fosa común, era como la peor pesadilla de cualquier persona, verse bajo tierra en una fosa llena de muertos, recordé entonces lo que me había mencionado la primera vez el soldado, esta fosa era incinerada cada vez seguramente por una especie de aparato crematorio, por la cantidad de cuerpos, la peste y la descomposición de cada cadáver podía adivinar que no faltaba poco para morir quemados, incité a todos a correr, nadie entendía por qué, pero obedecieron y poco a poco logramos salir de la fosa, poco antes de que la maquina comenzara con la destrucción de cadáveres; todos destruidos para que ninguna evidencia pudiera ser expuesta contra Monk, salimos y muchos corrieron, huyeron del lugar, pero nosotros sabíamos que debíamos detener la expulsación y posterior detonación del misil, Daysi y el Genetista me acompañaron a ver que podríamos hacer para detener esto, pero los minutos eran contados, cuando llegamos a la consola, no encontramos como detener esto. Me hice presa de la desesperación y arranque cables y cables para detenerlo, fue muy estúpido de mi parte, el cable equivocado acabaría por lanzar la sepa infectiva del virus – Comencé a reír, nadie compartía la gracia, tal vez era mi locura por esta vivencia la que me hacía reír.

- Doctora concéntrese por favor, ¿qué sucedió?

- ¡Pues tengo una maldita suerte!


Uno de los cables que desconecte detuvo por completo toda la operación, aún no estábamos seguros de si detonaría o no, pero lo detuvimos tal vez lo suficiente para remover del misil la ampolleta de virus, una vez que fue trasladado a un contenedor seguro y eliminado por completo posteriormente bajo control especializado logramos neutralizar el virus y eliminarlo, pero no todo resultaría bien del todo, meses después de nuestro escape nos enteramos por fuentes privadas que otro misil había sido lanzado desde Seoul en China. Una sepa de la infección del virus de ARN Bicatenario había sido lanzado a través de un misil de largo alcance hacia California en Estados Unidos, las condiciones y clima del estado hicieron posible la dispersión rápida del virus ocasionando así lo que conoceríamos como la epidemia mundial más grande y catastrófica llevando con ella el inicio de una guerra injustificada contra los países asiáticos.

- Doctora, ¿Qué sucedió con el antiviral?

- No lo sé, cuando nosotros retiramos el Virus del primer misil, buscamos el antivirus, ya que un antivirus podría ser la clave para la recreación de un virus altamente infectivo, sin embargo al querer localizarlo no apareció, no había rastro alguno. Después como ustedes sabrán, llegaría a mí, el despido del Hospital en el que trabaje junto a Daysi, y la ampolleta bajo mi poder del antivirus. Desde que me percate de la segunda detonación decidí investigar quien había sido el responsable, obtuve información cercana de uno de los militares que en ocasiones vi trabajar con el General Monk, ellos habían conseguido crear una sepa diferente del mismo virus con características que lo hacían altamente inmune a cualquier sustancia antiviral, cuando supe esto no pude evitar sentirme impotente haber tenido el poder de haber acabado con esto antes y no haber imaginado que Ferdinand tendría un plan de respaldo – Intentaba no hacerlo pero la ira subía más como espuma, no se detenía podía proyectarse de mis ojos, de las venas de mis puños encendidos, incluso del pulso y la temperatura que subían escalando mi alma hasta subyugar cualquier acción por encima de la razón, todo este odio me consumía y fue todo este odio el que guarde por estos años después del suceso.

En fin después de haber retirado y destruido el virus, intente regresar a mi hogar pero ya nada sería como antes… El virus había sido expuesto desde el otro hemisferio del globo, lo que desencadeno un pánico mundial y por el que países enteros disputaron no solo la responsabilidad de este crimen si no también una cura para la sepa.

CAPITULO 9.- El Objetivo


Pronto se llego el tiempo límite y nosotros ya poseíamos no solo el virus de ARN bicatenario si no la cura para cualquiera de sus posibles mutaciones, contribuí en lo que pude para terminar el virus infeccioso y evitar cualquier asesinato a toda costa, por desgracia fuimos obligados a utilizar como conejillos de indias a los prisioneros de las celdas, que en ese entonces eran los iniciadores de un movimiento opositor al ejército del General Ferdinand Monk; durante aquel tiempo eran los únicos en atreverse a volar las bardas y realizar ataques directos a la base, pero tan pronto era repelido el ataque que una vez capturados solo había dos caminos de muerte, ser nuestras pruebas experimentales humanas o ser asesinados, solíamos preferir que no hubiese ninguno con vida, aunque esto sonara cruel y despiadado, pero era porque los efectos del virus con el que tratábamos eran una tortura peor que la muerte, a veces en las noches no podía evitar despertarme llorando o gritando, sintiendo un profundo dolor en el estomago por todas aquellas vidas que arrebatamos con ese virus y es una culpa, que aún hoy en día no me deja dormir tranquila – Hice una terrible pausa, era notable que hablar de este asunto me producía soltar la sal de mis lagrimas – el 13 de Octubre le fue entregado el virus y el antivirus al General Monk, sabíamos que una vez terminado nuestro trabajo seriamos asesinados, sin duda alguna, lo que más podíamos temer señores no era la muerte misma, si no nuestra propia creación – Una mirada sombría y turbada sobresalto de mis ojos hacia los dos hombres que se encontraban en la habitación conmigo – fuimos llamados a presentarnos frente al General quien ya nos esperaba con algún ególatra y patético discurso.






¨Ha llegado la hora, la hora de renovarnos y eliminar todo aquello que está podrido en este mundo, todo aquello que Dios o lo que fuere que sea dueño de nuestra existencia, nunca debió haber creado, todo lo que hace daño a la sociedad mundial y por ende no sirve para la evolución del humano perfecto, acabaremos con toda América de ser necesario con tal de eliminar a toda la raza que es producto de un error, caballeros, damas, serán testigos del mejor exterminio nunca antes realizado, en cuestión de una hora soltaremos este virus sobre todos estos países subdesarrollados, el virus recorrerá cada país haciendo que cada persona que lo respire, lo tome o siquiera tenga contacto venéreo con el virus, y así caiga retorcido de dolor en una muerte bien merecida, quiero agradecer a todos los especialistas que contraté – muchas miradas se alzaban enfurecidas, labios apretados, puños bien sujetos, todos nosotros éramos responsables de la muerte de muchos por la locura de un solo hombre y no teníamos opción, de haber muerto nosotros, otros lo hubiesen hecho, el General prosiguió – Bien se les agradece su apoyo, pero desgraciadamente no los puedo dejar vivir, serán encerrados en las mazmorras y morirán junto con los suyos después de todo se lo merecen, nosotros partiremos después de celebrar con una cena gloriosa que nuestra Doctora Lucille Coss preparó para nosotros, y bueno no solo la cena se le agradece… hay otras cosas apetitosas que guarda bajo esa falda doctora - La humillación me redujo a nada, todo lo que ese maldito había hecho, quería estrangularlo a toda costa – Nos condujeron a las celdas, uno de los capellanes del General nos escoltaba a mí y a Daysi a nuestro destino final, Daysi no paraba de llorar, en mis demás colegas se sentía una desesperanza inconmensurable, descendimos muy profundo a las celdas y junto conmigo, Daysi y algunos especialistas y trabajadores de la Abadía, fuimos encerrados en la celda 3, recordé lo que René el periodista nos había mostrado a la hora de bajar hacia aquí; debía haber algo especial para habernos señalado solo esta celda, busque por debajo de los catres, detrás de baúles y por entre los muros, ni siquiera en el techo existía una salida, me rendí, no había nada. Me recosté en el suelo, solo esperando la muerte y su llegada en media hora, no podía evitar llorar, no vería a Darío nunca más, yo esperaba un hijo que no alcanzaría a ver el mundo… tal vez eso era bueno, que no sufriera, moriría lejos de todo lo que amo menos de mi hijo.




Todo mundo yacía sentado, algunos no podían controlarse, lloraban y gritaban que los sacaran, era inútil, nadie nos ayudaría. La hora avanzaba lenta y letal, cada minuto era un hilo vital que escapaba por la ventana del infortunio, hubo un momento en que todo mundo calló, estábamos encerrados y los soldados habían partido todos a su cena, yo reí amargamente reí por lo que sucedería, sé que me advirtieron sobre protegerme a mi misma sobre este interrogatorio, pero no me importa que ustedes lo sepan o que el mundo lo sepa, quien sea que vaya a leer sobre esta declaración no tiene ningún juicio sobre mí; yo estaba esperando tan solo unos minutos más para que surtiera efecto el ultimo de mis planes. Ninguno de ustedes imaginaria la variedad de venenos que existen en nuestra dieta diaria ¿o sí? Todos los días comemos productos vegetales que contienen partes venenosas para el humano o casi cualquier ser vivo, la mayor parte del tiempo no nos preocupamos porque los métodos de producción aseguran la eliminación de las partes nocivas, sin embargo es posible el siniestro de una muerte por ingestión accidental de la parte tóxica de la planta; yo solicité aceite de ricino y sus semillas, una petición inofensiva con la que no sospecharía nadie de pedirla debidamente a los agricultores, nadie imaginaria lo que se esconde detrás de una simple planta de Ricino o sus semillas. El aceite de ricino pasa desapercibido como veneno y no es conocido por su toxicidad porque es usado normalmente como saborizante y emulsificante en caramelos, chocolate, y otros alimentos, y también usado por muchas personas como purgante, pero se supone que el aceite de ricino para consumo humano es cuidadosamente preparado ya que la semilla de la planta es tan venenosa, que una sola semilla contiene tanto veneno llamado ricino para matar una persona, y cuatro semillas pueden matar un caballo. El ricino es tan tóxico incluso que los trabajadores que recolectan las semillas deben cumplir estrictas medidas de seguridad para prevenir una muerte accidental. Fui con los colectores pidiendo semillas para sazonar el banquete que degustarían todo el ejército de Monk, y al mantenerlo ocupado para que no notará mis intenciones y obtuve con alevosía y ventaja una cena mortal.