La lluvia no cae ni moja tu cabello,
las estrellas no brillan más por que estás,
ni la noche es más fría por tu ausencia,
no huelen a verano tus manos,
no tengo tus cenizas en mi cabello,
no te inventé en ningún cuento,
ni le puse nombre a mi llanto,
no caminé en la noche bajo ninguna luz,
ni descanse mi desconsuelo en ningún muro,
ni te publiqué, ni te miré ni te quise,
no te borré, no te extrañé, no te odié,
tu voz no la llevaba el viento,
y estoy muy segura por delante de todo,
que en ninguna mañana amaneciste a mi lado.
Cerraron sus cortinas ese tiempo de angustia,
las lágrimas definidas apenas dibujaban un rostro,
no necesitó oírlo, sólo leerlo, y siendo diestro
como era, la palabra más certera fue su molestia.
Pasaron los días, no era mayo, era junio
sobre junio que se suman diluvios y el calor no agrada,
junio que lo último que quería y que pasaba
eran esas palabras de un maldito infortunio.
La esperanza se desvaneció dos décadas atrás,
el frío calaba hasta la médula de huesos que eran tibios
y rondaban en su mente personajes turbios,
y la vida seguía pero sin ella y de espaldas.
La vida seguía y todo mundo creyó que reía,
pero a su alma le sumaban gramos a su tonelada,
y en su cuerpo lívido como pluma su corazón pesaba
como un piedra o como cardo espinoso y furia.
Los meses transcurrieron perdió contacto con todo,
ella vivía alrededor de muchos pero con cuatro muros
que se alzaban sin abrojo y su corazón se hacía duro;
pasó finalmente un año y el dolor ya era hasta cómodo.
Fuerza, decían muchos que tenía, el don de curar
muchos otros proclamaban y le decían al hablar,
pero ella sentía que carecía de fuerza y sólo quería llorar,
sólo quería gritar si era posible antes que volver a amar.
Y gritó, muy fuerte gritó bajo el silencio de su almohada,
apretó los puños, la sangre le subía a la cabeza
y apenas retomaba aire sollozaba desconsolada
sabiendo que de todas formas a pesar de la tristeza,
ella tenía que seguir para pensar que ella vivía,
para pensar que más allá del dolor habría esperanza,
para sostener sobre su corazón roto la promesa
de que no se rendiría sin antes pelear la guerra.
Skype diciéndome que “internet” está dormida, primer mensaje de la noche, noche sin ruidos manifestándose como portavoces de los más alejados en portátiles de Perú o Costa Rica, otros no tan lejos defeños y juarenses. Hace falta ser un proverbial desencantado para destazar capa por capa epitelios de razones e intenciones como yo lo hago, o ser yo también para reconocer a un cínico que vive escuchando covers y bandas fumadísimas y fingir que todo lo sabe uno por escucharlos saltándose las bases de todo y estúpido vivir creyendo aún más que todo el que no lo haga es idiota. El solipsismo modificado de creer que lo que se lee, se escucha, se viste o se ve es lo indicado, es lo único cierto y verdadero, el alpha y el omega –bajo las influencias más oscuras- y que los que no viven en ello son idiotas y la “cagan” por completo.
Si este texto se publica se encontrarán muchos, ergo algunos me odiarán, pero este saco es uno ya muy pesado para conmigo misma. Esta noche me senté en un restaurante que caminando está a 30 minutos de distancia junto a la nevería que recién ayer visité luego de cruzar variedad de callejones tétricos y lotes baldíos inoportunos; he estado percibiendo el cielo inmenso, proclamador, demasiado aplastante y entre todo eso una inercia y un nerviosismo inexplicable; pasé hace varias horas bajo las sábanas tratando de conciliar un sueño que lleva extraviado tres años, alucinaciones leves y fatídicas de perillas girándose, objetos desfragmentándose, niñas de espaldas y sombras sentadas, además de fosfenos iridiscentes de múltiples colores; como no logré dormir me fui a un lugar más despejado. Irremediablemente me quedo pensando en él y sobrepensando mis acciones, me quedo reflexionando en “Qué ya no quiero nada/ qué llano quiero nada/ qué ella no quiero nada” mientras leo poéticas ambientales para el siglo XXI en una revista tomada del mostrador, en que quiero besarlo y quiero llorarlo también; eso que mi corazón es un gran organizador: organiza funerales para personas con jorobas psíquicas, legrados de mujeres que de tanto odiarme me echan en cara sus celos desde las entrañas y sí, lo exponen –yo no me doy esa importancia para que me odien, porque si tienes enemigos dicen, seguro eres importante-, mi corazón organiza incluso festejos simples y mudos a la felicidad ajena que mira desde su ventana hacia fuera -¿hacia afuera?, organiza guerras profundas, solemnes silencios a cadáveres de guerra, a veces unas ganas de llorar en el momento de un agravio que en la mente se maquina por circunstancias que realmente no eran del tal dañinas pero como todo se sobrecavila, helo ahí, una risa tropezando, un estirar de manos, cerrar los ojos fuertísimo o abrirlos demasiado en su defecto para que el aire seque las lágrimas y voilá: no más lágrimas imaginarias.
Y si indefectiblemente algunos hombres pueden ser muy bobos a veces, esa tara imperdonable, es imposible repetir historias sobre todo las de vivencias personales, y cuando estas son liberadas, se instala la desconfianza del receptor que a partir de ahí todo lo prueba y, razona si lloraste o no al contarlo, si hiciste algo, si giras los ojos a la izquierda o a la derecha –porque las memorias se alojan de un lado y la imaginación del otro-, pero afortunadamente soy buena distrayéndome y lo que hace un minuto era ira, ahora se convirtió en un pensamiento pueril sobre si Stanislaw Lem se parece a Chespirito y a eso le sigue sobre la edad de la concertista de piano que quería ser escritora en la Geografía del Tiempo y finalmente como toda concatenación sin sentido que surge de empezar hablando un tema y llegando a uno diametralmente distinto llegó al movimiento Tue Greenfort, sobre si la industria y la ecología pueden confluir en paz, pero ahí mismo se discute, ¿quién puede decirse ecologista y denunciarse públicamente a través de enormes pancartas viviendo de la comodidad de la urbe?, se dice, y se dice muy bien “No hay naturaleza, hay una compleja pluralidad de seres, de fuerzas en tensión” y vaya tensión que nos hemos jalado desde que en el siglo pasado seguía existiendo un agujero en el ozono, y hoy a todos se nos olvidó. Seguramente no existen “apps” suficientes para eso. Pero todos ponen su granito de arena al entorno.
Ahorita me siento bien, ¿bien por qué?, por qué hay ánimo para todo… ánimo de pegarse un cañón al músculo sobre el hueso temporal y calibrar si es cierto eso de las heridas en bocajarro y las trayectorias en socavado de cráneo, prestadísima para medir la resistencia de las sogas más gruesas de algún Home depot o de las resistencias físicas de un cuello humano y grácil, más que dispuesta también a dar más que sorbos a la cerveza sobre la vacuidad de mis manos o incluso de ánimos para alucinar destellos, amor y belleza en pastillas rosas. Lo que sea que me saque de esta pesadez pélvica y moral. Ser más como una Reikiavik o un verdadero París, preguntarse por qué aquel joven falso alemán ha abandonado por completo las obras y la poesía, por qué dejó de hablar de ella como cuando un perro se muere, por qué Mariana y por qué Jimmy, por qué a estas horas duelen el áspero sonido de las grabaciones de Charles Mingus de unas pesadas líneas de contrabajo, por qué Hard bop o bebop, sugestionarse y seguirse preguntando todo, y claro, caer en el error como todos: preguntarse sin darle a cada pregunta su respuesta hasta tal ebullición de dudas que amargan y desesperan.
Hasta ahorita de todo esto uno sólo de los pensamientos me inunda, aquella tarde en que me despedía, en que hice la última de las luchas para volver a la controversial rutina y vivir de la estela de su esperanza que de las inhóspitas, severas y deprimentes sorpresas que da la realidad y comprobar en efecto que era una de esas, una inhóspita severa revolcada realidad.
Poco a poco deslizo las páginas, dos hombres quedan en el restaurant, uno de ellos es el camarero que insiste en tomarme la cuenta cuando ni siquiera he ordenado nada más. Me encuentro con un cuestionario LT dirigido a Jamie Stewart, ¿qué le gusta hacer en su tiempo libre? a él preocuparse a mí deprimirme; ¿palabra utilizada con más frecuencia? a él Shhh!, a mí “En fin”; ¿Cuál fue el último libro que le resultó admirable? Sex traffcking Inside the business of modern slavery de Siddharth Kara, a mí Ficciones de Borges (admirable por todas las contemplaciones que me surgieron de él); ¿Película? El luchador de Aronofsky y a mí ninguna últimamente… ya no recuerdo, quizá Veronika decide morir; ¿qué disciplinas artísticas le interesan además de la suya? a él la literatura, yo me inclino por la fotografía o la pintura; ¿Música que lo conmueve? entre 65 y más Bauhaus, The Cure, Johnny Cash, John Coltrane, Diamanda Galas… por mi parte Sharon Van Etten con I cant breathe o One day, a veces Suzanne de Cohen, y otras Fever Ray con When i grow up, siguen las preguntas… la última para evitar cuentos largos, ¿se identifica con algún personaje de la ficción? él apunta Butters de South Park, yo respondo Garfield, sencillamente porque odia los lunes como yo con mi media hora libre del horario de 12 horas, porque ama comer, como yo lo disfruto porque constantemente lo olvido o no tengo tiempo o debe ser rápido para alcanzar a hacer todos los deberes o hasta para no llegar tarde a clases y porque le gusta dormir y yo desearía poder dormir con mayor duración y calidad de sueño, y también porque es el suyo el único sarcasmo que entendía en mi infancia.
Ya es noche, es hora de cerrar y pensar de aquí de regreso a la casa, por qué el ciclista habitual y colega sano Mike Rojas, maestro de unos pequeños acosadores que son sus alumnos; por qué Lalo, el responsable, el verdadero responsable, un loco igual que yo, el acero templado que es él, porque Míkel y sus 600 acertijos resueltos en noches de una hora, por qué Anai y Jair que amables han sido al adoptarme en equipos, por qué de muchas personas y muchas cosas… y siempre la pregunta primordial por qué a mí y a esta situación que ya me orilló a verdaderos abismos insalubres, vacíos y aporías en el mediastino, médulas imaginarias en meollos sin raciocinio, por qué la poesía sólo rompe y no innova, porque Rabih hage, un antivictoriano en Londres y un Kisho Kurokawa metabolista japonés. Por qué no tú y yo, algún día, en algún lugar, con un poco de esperanza sobre la sien. Sencillamente porque no, porque estoy cansada, porque el mundo se apagó al primer atisbo de buenaventuranza, al primer páramo de un poco de civilización en una humanidad tan descabellada, con alguien que parecía predilecto. Es un no, porque ya sólo queda esta carrera y, Aspergillus, Enfisemas en miembros torácicos, Necator americanus, malos intentos de suicidio suturados o lavados, envenenamientos por esposas despechadas, Regina probantissima, enmendaduras de choques, hipoglicemia, canales de sodio y muchas anginas. Por qué ya sólo es la noche, el desperdicio de palabras que es el silencio, la desaparición que sigue siendo un caso abierto de los chanates, la extraña calidez de un olvido progresivo, una tristeza abierta, plena que me va como por antonomasia, algo como epónimo biográfico. Sí esa, a la que estoy acostumbrada que ya no me preocupa regresar de ella; porque esas mañanas en las escaleras de piedra en posgrados se fueron, porque un ingenioso elaborador de cartas se fue, porque el cuervo negro murió, porque sus dedos que antes me sostenían entre vocablos y endecasílabos se suprimieron, porque ya nadie habla, porque se ha ido Sabina y la guitarra y Santiago y yo no iré al cielo escuchando alaridos de gatos e imaginando más mermas existenciales. Esto pasará y por mientras yo seguiré escribiendo, aunque extraño las postales más alegres y menos malhadadas de Remedios.
Mínima lista minimalista:
Si por mí fuera / Si fuera por mí / Si fuera por fuera de mí /
Si por mí fuera el fuera de mí / Si por mí fuera el dentro de mí.
Creo que no te acuerdas mucho de lo que he dicho, ¡¿y cómo?!, tu mente se satura de todas esas lecciones primigenias donde el entendimiento del hombre no era hacia las cosas sino al propio entendimiento, el uróboros más literal de las complejidades existenciales; sólo lecciones en la Salpêtrière como Charcot cuyos hallazgos de la histeria le dieron influencia a Freud (ah porque el mundo escucha Freud y Freudiano se vuelve el mundo, y antes de Freud hubo más, más procesos psicológicos que no se centraban en lo más primitivo del hombre, y ahora no, ahora el marco teórico para literatura, cine o arte; el autor, el personaje y el lector, es el psicoanalisis freudiano y tá tá), siempre lo criticaré siempre, porque irremediablemente le veo como el espejo de muchos otros y lo proclaman como esto o aquello, o más bien me iré como Grünbaum a restregarle lo que es falso que como feminista por decirme hombre sin falo.
Hace rato probablemente me acercaba al borde del vidrio del carro viendo precipicios de cemento y en sus profundidades un modesto cementerio, esperando de manera paciente pero de consciencia frenética verte; sabes que te extrañaba, que extrañaba la anchura de tus brazos rodeándome, presionándome con tal fuerza para apenas respirar, ese entusiasmo tuyo que me hace fe a las amistades y a que las distancias no restan cariño.
Llegué temprano aquella vez, me deslicé del auto, por las puertas de cristal verde hasta adentrarme a algo que llevaba meses sin ver, sí, un centro comercial. Y es que todo aquello que se hace de manera cotidiana le resta belleza y cadencia a las cosas, las cosas más sublimes tienen la especial característica de que sólo se prueban una o dos veces, y dos es demasiado. Veía a las personas caminar, todas en esa misma sintonía y yo perdida totalmente caminando hacia un lugar fuera de esa marea de gente; si tan sólo supieras todo lo que hice mientras esperaba te darías cuenta que le di la vuelta y regresé en esa hora u hora y media que esperé. Entré muchas veces al baño, me di vuelta por todos los estantes de la tienda viendo agendas, materiales, buscando a Serrat y a Sabina, que para mi sorpresa ni siquiera el género lo tenían, buscando después a Dylan para sólo encontrarme con Rihanna y esos discos que decoran de diferente manera pero que venden lo mismo, como una edición especial de los Beatles. Naturalmente no había nada que comprar. De ahí me pasé hacia las tiendas de Chácharas, chácharas multiplicadas en barriles y cestos de mimbre, baratijas que sólo se lucen una vez -también son sublimes y bellas, son de fantasía- caminé sin mucho ánimo y enfrente del cine me detuve un rato para ver al hombre de metal realizar su acto, el de "no-me-muevo y me pagan por moverme", la atracción más simple, ningún humano es capaz de detenerse a ver algo que no se mueva, se aburre, lo insta a rotación y traslación y por ello pagan.
De ahí esquivé algunos proveedores de panfletos, dos o tres que promocionaban descuentos y dos muchachos de buen ver que vendían telefonía celular, si de esas que se dan como en la caja de cereal, llegué finalmente a la plaza de comidas viendo sólo espejismos y sombras de un añejo y febril recuerdo, ese donde me encontré sentada con el alto cuervo de ojos negros, ese donde me dejó pagar sola a mí (imbécil dirás tú), ese donde nos sentamos afuera en una banca de color granate y el me hablaba de masonería, de su familia, de porque una salsa de catsup era la ferviente muestra del racismo o nazismo alemán "todavía existente". Miles de secretos en productos y marcas de cigarros que muestran a un hombre de color, a un latino y a un judío colgados por el cuello. Todas esas historias fantásticas que alguien con los secretos como los de él siempre tenía para contar y terminaban con "no le cuentes a nadie o me colgarán".
Fuera de eso, ese momento en que decidí que todo acabaría con él, fue cuando lo vi tan ensimismado con su uniforme de basketball, su mochila y mi nombre rayado en ella después del de su ex, ese día que parecía más abstraído en que me di cuenta que ya no era su obsesión. Después de quedarme un momento así paralizada recordando me regresé por donde vine, y nuevamente me distraje con los estantes de la tienda y justo en el momento que salía de ahí, caminabas veloz directo a buscarme de donde me encontrara, hasta que nos vimos, te acercaste a mí y me abrazaste como si fueras a besarme, y yo te recibí tan fríamente con un abrazo... directo acercaste tu boca a la mía y yo la había quitado... ¿por qué? te desconcerté, fue porque habíamos dicho que seríamos amigos y me estaba comportando como tu amiga.
Durante el transcurso de ese momento me viste, me diste la vuelta, reconociendo algo de mí que fuera mío y más que mío: tuyo, no sabíamos que pedir así que lo más simple fue la ordenanza de un par de hamburguesas con papas y en tu caso soda y en mi caso té.
Nos sentamos, te sentí triste, triste que me acomedí a no hacer más caso a la decisión y a besarte para que me hicieras esa sonrisa que siempre tiende a cerrar los dientes, abrir los labios y fruncir los ojos, esa misma que me ha fascinado desde siempre; continuamos normal, platicando normal, y una vez que nos fuimos y que empezaste a sentirte mareado y nos sentamos en el sillon... ese momento en que me abrazaste y sentí tu respiración pesada supe que estabas llorando... ¿llorando por qué?... pensabas que te iba a decir algo "estoy saliendo con alguien más", "ya no me gustas", "quiero alejarme de ti", todo ese acto por un pensamiento que te infundía en ese momento y no, la realidad es que no.
El momento entre lo que parecía este problema, mis dedos secando tus mejillas, mis besos anunciándote algo más simple: somos amigos.
Después de eso, de llegar a tu carro, de recostarnos un rato, de sentir tus manos en mi vientre, las mías en tus brazos, después de toda esa tarde... de dejarnos de palabras para entrar en lo que expliqué al inicio lo más primitivo, caricias, miradas y actos, comprendiste que no me estabas perdiendo.
Creo que no te acuerdas, pero debes saber que ya lo había dicho antes, tú no vas a perderme, al menos no tan fácil.
Ahora en este momento que ya ha pasado tiempo, me detengo sobre un vidrio más frío, sobre una consciencia que no ha salido aún fuera de su casa desde invierno, desde esa necesidad corporal de dormir y de leer, de dormir y de comer y de dormir sobre dormir, sobre la cetrina sensación de un fátum o sino nada cordial con mi corazón; me detengo, porque para todo lo importante hay que detenerse, y pienso en todo lo que he ganado a partir de nosotros sin haber sido nada. Como dijera el italiano Giovanni Papini, este destino no reinaría sino fuera por nuestra complicidad y por nuestra voluntad, algo que explícitamente siempre le recuerdo a todas las personas que reciben su destino a partir de la lectura de la mano o de la revelación de una vida por arcanos. No existiría el destino sino contribuyéramos a él: de acuerdo. Y hay que pensar en eso y en aquellos escapes de esperanza o de instinto que la vida guía, y lo pienso ahora que leo la noticia del terremoto en Turquía y de aquella mujer con la espalda destrozada y el cuello roto protegiendo sobre una frazada bajo escombros del edificio en el que vivía, a un niño, un niño cuyo mensaje le acompañaba en un celular: "Si puedes sobrevivir, tú tienes que recordar que Te amo"...
Si tú puedes sobrevivir a lo que yo sobrevivo diario, entonces ojalá recuerdes que Te amo.
Supongo que intenté hacer las cosas bien y creo que terminé haciendo absolutamente todo mal.
Ojalá esto acabe pronto.
Por lo pronto quiero avisar que "Versos Sumergidos" se encuentra cerrado al público porque hay muchas transformaciones que hacerle y porque creo que esa chispita que estaba buscando para inspirarme no se logró del todo y espero mejores tiempos para recuperar ese tipo de ideas, probablemente en algún futuro. Sin embargo a su disposición seguiré aquí presente para ustedes y quería de una vez invitarlos a la siguiente convocatoria:
"ATENCIÓN ESTIMADO PUBLICO: La siguiente dinámica en su amado blog "La Luna y Su Ombligo" se trata de que dejen preguntas para que cada uno de los autores las contesten, pueden ser cualquier tipo de preguntas y se seleccionaran las más originales para ser publicadas con su respectiva respuesta. También puede hacer una pregunta a un autor en particular (Cecy, Martha, Jéssica, Alejandro, Beto o Míkel), nomás especifique a quién. Anímese a preguntar estamos dispuestos y nos interesa interactuar con ustedes, les agradeceremos mucho su participación!
Afuera los gritos de la lluvia se decantan con la arena de los tejados de noches saturninas de una vieja estructura de concreto con demasiadas almas de grafito y superlativos de poesía descarada, afuera un sueño no es sólo mi sueño, es el sueño de Don Rigoberto cuando observa el reloj de péndulo haciéndose viejo en una casa casi deshabitada y que aunque en pleno embargo se está quedando poco a poco vacío y sin recursos, Don Rigoberto ha decidido por si mismo en las plenas cenizas de agosto, que el recuerdo de aquellas horas junto a Dolores, sólo tuvieron al testigo silencioso y cadencioso del tiempo. El único orador de aquellas horas de luz semi-intensa y gemidos estruendosos de tardes aburridas que no solían avanzar. Casi me hace pensar en el futuro, en lo poco que duran las carnes saladas, lo breve que parece una entre-mirada perdida en medio de la oscuridad de una sala, lo frío que son los pedazos de cerámica azul índigo en la pared innoble de un baño, la diferencia entre tomarse de las manos de manera dulce y la otra manera, una de complicidad en la que sé yo y sabe quien me acompaña que más adelante no sólo nos tomaremos las manos... nos tomaremos el pelo, el cuello, las "lolas", las espaldas, los oídos, nos morderemos los labios, recorreremos llanuras que ya no son solitarias ni tampoco son áridas cuando se recorren de ríos nuestras lenguas. Ayer pernoctamos descubriendo sensaciones, descubriendo cosas nimias que no tolero del sexo, cosas simples que también me enloquecen y que a él ni le interesan, sólo me enfada sentir que esto es una repetición, día a día desde hace años, los mismos gemidos, las mismas cruzadas de piernas, las mismas posiciones, esto no se reinventa y es una locura, ¡somos jóvenes!... ¿Qué no se trata de descubrir?... claro las enfermedades, claro los embarazos indeseados, pero fuera de eso y con los debidos cuidados y toda la confianza ¿por qué no existen espacios predilectos?, ¿porque es tan difícil pedir y más aún complicado conseguir? Pero así son las cosas... el carboncillo gris de las nubes acapara el cielo en su totalidad mientras observo por la ventana, él como siempre se ha quedado dormido, y yo sigo pensando que esto sólo se sostiene por el contacto físico y no existe una chispa más allá que solía encender algo irresistible en mí... porque claro ese tipo de pasiones no nacen en uno sólo, nacen por la sensación de placer de poseer y ser poseídos por otro, de tocar y ser tocados, de una reciprocidad y no de un simple movimiento mecánico repetitivo; ese tipo de fuego que sólo existe en la imaginación y que aún allí se disfruta como si fuera el real. Al recordar tal vez como nos conocimos y como se encendió mi locura por él, en esos tiempos en que aún eramos bastante jóvenes, tal vez ni siquiera mayores de dieciocho, empiezo a sentir que aún lo quiero, pero hace años que no es tan igual, podría ser a diario pero se sentiría como algo de siempre que hasta se vuelve aburrido. Tal vez nos estamos quedando en ese círculo vicioso, cruel y letal que es la rutina, a una edad muy temprana, en un momento en que muchas posibilidades infinitas con desenlaces cortos podrían extenderse aún más, a esta hora, aquí mismo nos hablábamos de las locuras que habríamos por vivir, de los por siempre y los jamás, de los qués y porqués, de él, de mí y de esa locuaz lejanía que parecía la vida y su acontecer, hoy no sé que es nada de lo que se hablo, nada de lo que se prometió. Si habría de casarme con esta rutina estaría por dar firma a mi propia sentencia, por acallar las risas bobaliconas de esos momentos extraños en que no haces nada y te ríes de eso mismo, de la nada; estaría por enterrar esos divertidos sueños del corazón que imploran por más, una risa más fuerte, una pasión más roja, bailar Twist n shout o con This head i hold, por fingir imitar cantos gregorianos aburridos o poniendo conversaciones inverosímiles y graciosas a conversaciones serias de películas tan viejas como por ejemplo Solylent green; mis ideas vagan respecto a jugar con poesías y canciones que se semejan a nuestros silencios, extraño todo eso.
Ahora no es como si pudiera quitarnos ese halo gris azulado que es el tono que han tomado nuestras separaciones, un día Leonard Cohen, al siguiente Sharon Van Etten, un día Yesterday y otro Aviones, y yo sólo quiero que sonría cuando canto Do you want to know a secret y que se sienta más enamorado aún cuando le susurro Disfruto. De momento sólo me queda su compañía con él a la distancia, me queda mi tristeza callada y salada como el mar muerto, le queda mi compañía y mis ganas de quererlo, pero me estoy marchitando por dentro sin esperanzas de que pueda cambiar. Sigue dormido, sigue acostado como estrella de mar sobre el colchón, una ligera sabana le cubre la espalda baja, su cabello es un alboroto peor a Van Halen y yo soy un desastre de ideas peor que J. Cole.
Los funerales siempre son una paradoja del tiempo. El tiempo vuela demasiado rápido pero un instante siempre se impregna en cada segundo que pasa. Se desplaza lento primero invadiendo un minuto y después el siguiente. Es lo mismo que sucede cuando se agoniza en un desierto, que importa la noción de una hora si todo será calor o todo será frío, será día o noche y apenas un amanecer o un atardecer se desvanecen en la alucinación de las buenas cosas.
Cada signo de armonía se despedaza por el siguiente minuto de silencio, cada sueño con él se va miga a miga, grano a grano en este enorme reloj que es el mundo. ¿Por qué todo son horas y horas?, ¿por qué no existes en mi vida?
Sus manos apenas grandes apenas cálidas parecen fósiles de hace miles de años y siguen tan presentes como un recuerdo remoto que se teletransporta con todo y artificios de veneno y de alegría.
Conocí un hombre que ha vagado cien años en el desierto, un desierto que tan bien como yo lo conozco apenas me he atrevido a pisar. No sé andar sola en la arena, me hundo fácilmente y por más que lucho por deshacerme de las toneladas de tierra que se filtran por mis venas simplemente no puedo. Él en cambio ha vivido a espaldas de casas de acero, bajo la sombra de las tristezas humanas, bajo la crueldad de una lluvia de desesperanza y con ello logró pisar firmemente la arena. No sé como le habrá hecho, tal vez simplemente depende de lo que cada persona es capaz de catabolizar a su favor.
Pero yo no catalizo, yo anabolizo y todo se me junta y termina por desperdiciarse a las cuatro de la madrugada en interminables cuestionamientos sobre la verdad y las múltiples catarsis de lo que creo entender y finalmente no entiendo . Él empezó su camino muy joven, tan joven que a pesar de todas las soledades y de su matrimonio, a pesar de sus hijos, de sus nietos y esa rodilla rota que lleva tiempo intentando sanarse, ya no es posible identificar si ha bebido a no; la voz se le quedó ronca, hueca, seca y las palabras atropelladamente arrastradas que cada vez que me es posible llamarlo sean las diez de la mañana o las doce de la noche habla siempre igual, como si hubiese bebido.
He empezado creer que bebió tanto pero tanto que con el tiempo esa se volvió su costumbre. Hay un hombre en el desierto, allá afuera tan sólo como yo. Tan triste, tan atropellado por el tiempo que no puede asirse a nada más. Ni la felicidad se aferra, ni la alegría se queda impregnada como colonia de buena marca. Nada se queda. Simplemente se va, y como él siempre se va nunca se hunde, pero yo... yo que sólo me quedo, no encuentro manera de arrastrarme fuera del mar de arena que es la soledad.
En Seúl son pasadas las dos de la mañana del día 22 de Octubre, no puedo dormir, siento que me he contagiado de misantropía o tal vez quiero contagiarme muy a pesar de las consecuencias, muy a pesar de la tormenta que azota afuera los grandes ventanales de los edificios futuristas de la ciudad; es curioso e irónico que la modernidad sea la pandemia verdadera del siglo, pero que se encuentre su epicentro en una cultura tan costumbrista y antigua como lo es el hombre y su pensamiento mismo. Ésta es tal vez la pésima carta que te pudiera escribir pero, ¿qué no te puedo escribir sino la verdad?, tal y como cantaba un colega recordando a un interprete, el rey de los solitarios de cantina y tobacco, "La verdad es un armario muy solicitado y con poca luz". Considero que debo manumitirme de todas estas ideas que han infectado y afectado a mi alma desde siempre, esas ideas de pasado y esas de futuro que no permiten acostumbrarme al presente y que no me dejan libertarte de mi mente. Rouge, Roger, Rojo, Cardenal de mis insomnios, quien sabe en que parte del mundo te he perdido pero me tienes aquí en una ciudad muy extraña, en la parte más alejada de toda idea, pensando en ti. Como si un mensaje fuera a caer a los recipientes de mi añoranza, como si tu llamada fuera a sonar esta noche, este día a las dos de la madrugada con un resolución a mis decisiones... ¿por qué te necesito para tomar decisiones? Roger, quería tomar este breve paréntesis de entre toda mi habladuría para mencionarte que se acerca un tifón, espero que sólo algo de lluvia nos azote pero de no ser así tendré que irme y no me encontrarás aquí, tal vez platique con el consulado mexicano y ellos me brinden ayuda para transportarme a una dirección cercana, tal vez le pida ayuda a mi amigo Hiro y el pueda ayudarme a llegar a los departamentos cerca del Hotel Bonaparte de París, ya sabes el código de acceso y el punto de encuentro, te esperaré a la misma hora de nuestro encuentro, como sea sé que me encontrarás y que no harás caso de la postal proveniente.
Quisiera decirte que no te he extrañado, que tal vez te odio mucho, que sigo buscando tu figura sólo en esperanza de poder desaparecer frente a tus ojos pero, nada de eso es cierto, porque de verdad te he extrañado cada día a cada minuto de todas las madrugadas de hace 5 años, que no puedo evitar oír en la radio esa voz y pensar que estás en un estudio forrado de esponja gris en una madrugada oscura en un solitario edificio hablando sólo con gente tan desesperanzada cómo tú y como yo que no solemos dormir. Qué rápido corrieron los años desde sentirte insignificante bajo los cipreses del parque de la catedral de los Santos de los últimos días, a ahora, que eres un egregio entre los poetas de la vida, egregio y solitario, un trovador, un bardo con una guitarra más vieja que las vasijas del museo que se niega aún a cambiarla porque se trata de un apreciado obsequio. Quien sabe que tanto de tus canciones amorosas no serán espúreas, quien sabe que tanto de eso que dices no querer... en realidad quieres. No lo sé.
Por lo pronto he venido a confesarte que algo en mí cambió, que mi cabeza se torció, que dio un giro y se encarcelo sin poder regresarse por donde vino, que estos insomnios me han estado afectando con miedos que ya creía olvidados; sólo en dos ocasiones he tenido estas alucinaciones por así decirlo y en esta ocasión no han cesado del todo, o no sé si se deba al efecto de que sea una hora inadecuada para poder verte a través de la ventana de un ordenador en un café pequeño de la avenida Nyon, o el de esa droga que me pone a ver luces iridiscentes y que me lleva a sentir que amo todo, cuando nada de la vida que ame se ha quedado conmigo. En fin, tal vez tú mejor que nadie sepa que sucede dentro de mi cabeza, tal vez recuerdes la primera vez que aluciné con una niña frente al armario del salón con el cabello tan güero que parecía blanco con su suetercito verde, o con las luces fiucsia neón del anfiteatro, bueno ahora es diferente. Ahora las sombras tienen más forma que antes, son más fijas, ahora las voces no son claras son más pequeñas, son de hombres y son de mujeres que no conozco ni entiendo, ahora los objetos aparecen y desaparecen, y que la noche ya no sólo es aterradora en la oscuridad, sino también bajo la luz deficiente de un foco ahorrador. ¿Ver las cosas desfragmentarse, descomponerse en sus partes es realmente tan malo?, porque me asusta lo suficiente, ¿o ver a las personas y verlas hacer movimientos en forma secuencial es realmente tan grave?, tal vez no, yo sé que es la falta de sueño, pero no encuentro manera de dormir sin ver la cadena de la lampara central deformarse o moverse sola, o sentir miradas bajo los vidrios del comedor. No puedo dormir pensando en que no puedes dormir, o pensando en que tu programa no escape a mis oídos a las 4 de la mañana, no puedo dormir pensando en lo que no quiero pensar de otras personas, no puedo dormir porque tengo demasiadas excusas. Creo... que sólo te doy razones para alejarte. Por qué sé que no estoy pidiendo ayuda, porque no puedes ni quiero. Tal vez sólo quiero que sepas que no me siento bien, pero que a diferencia de otras veces no busco sentirme peor, busco por sobre todas estas manías y delirios, busco la paz mental que sólo consigo en un lago cerúleo y cristalino, en un museo abandonado de botánica, o en una banca bajo el parque de las hojas amarillas, en la distracción de un estado de profundo ennui, busco la paciencia de Job, un hado suficiente para escribirte mejor, un mesmerista que equilibre mis energías, y por sobre todas esas cosas un beso tuyo que le devuelva aliento a mi vida.
Cómo dije es una pésima carta, llueve afuera intensamente, son pasadas de las 2 de la madrugada, y aún espero un mensaje que diga una fecha, un lugar y una hora en algún punto de la tierra.