El poema "Cuando los nazis vinieron por los comunistas" fue lo que puso en la inmortalidad a Niemöller hacia 1980 -aunque su nombre no se le recuerde especialmente- dicho poema que Niemöller prefería llamar sermón se ha modificado con el tiempo. Recién me entero sobre la huelga de hambre de nuestro compañero Antonio Muñoz, y pienso este poema y sobre algunas cuestiones que hace un año para mí eran un nuevo concepto y que siguen sin haberse modificado. Lo que pide nuestro compañero no sólo es justo creo que es la opción más lógica, pero ¿por qué no es lógica para todos sus congéneres? ¿por qué no es lógica para la casa de estudios de la UACJ?, ¿por qué no es lógica para su generación, las anteriores, la mía, la nuestra, las venideras? ¿por qué no es nuestro problema? ¿es problema de alguien más? ¿por qué está solo y porque no estamos con él si bien no en físico al menos con todo el espíritu, al menos presionando, al menos moviendo cielo, tierra y mar? porque sencillamente somos una generación dormida, una generación tan ensimismada que lo que le afecte a nuestro compañero no nos afecta, porque el sistema fue creado por competencias y creemos que lo lógico es ser competente con nosotros mismos, aunque no tengamos nada para competir, sin la integridad, no tenemos nada, los estudios valen poco si nuestra seguridad está vulnerada, sino podemos satisfacer una demanda real con un material fantasma de un gobierno que propugna que hay "salud en las zonas más marginadas las 24 horas".
Dicho poema aunque habla si bien sobre un sentimiento antinazi y ante las tiranías que se imponen, la mayor tiranía de hacernos creer que somos triunfadores por sobrevivir con tan poco en lugar de exigir seguridad.
Versa así.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Lo que creemos que no nos afecta a nosotros en este momento, algún día nos afectará.
"Gracias a todos por compartir el video y pasar el mensaje, hoy Antonio Muñoz habla en su tercer día de huelga de hambre. Le realizaron un electrocardiograma y su salud ya se ve afectada por la falta de alimento. Nos comparte tambien las demandas del pliego peritorio, que son garantías básicas que la universidad debería de ofrecer y no tendrían que poner en riesgo la vida sus medicos pasantes... No se trata de dejar a las comunidades sin médicos (esta es una obligación del Estado) ni tampoco se trata solo del compañero, esto va por todos los estudiantes/profesionistas que son obligados a trabajar en condiciones inhumanas! Cuantos dias mas lo vamos a dejar solo?
"Si la situación del país no es responsabilidad del la UACJ, de la ciudad o de el Estado, entonces de quién? Quién debe hacer respetar el estado de derecho?, Quién debe garantizar la seguridad? Creo que usted no ha entendido el sentido de una protesta como esta. Tenemos un problema, hemos estirado tanto la liga de la resistencia y tolerancia a la violencia y el abuso que ahora nuestra lógica es: Si abusan de todos tu por qué exiges que no abusen de ti? Trabajar sin insumos ni herramienta o en malas condiciones no te demuestra tu vocación, esa falsa idea nos la han inculcado desde el poder y por lo que se ve mucha gente la ha interiorizado bastante bien. "Sacrifiquese, esfuercese, aguante, resista, eso es lo que lo hace buen ciudadano", ese es el discurso de los que ni se sacrifican, ni se esfuerzan ni tienen que aguantar nada." Angel Estrada"
"Antonio Muñoz es medico practicante de la Universidad Autonoma de Ciudad Juarez, el jueves 22 de mayo por la tarde empezó una huelga de hambre en la rectoria de la UACJ como resultado de no recibir respuesta de la máxima casa de estudios al exponer su problema; el esta haciendo su servicio social en Namiquipa y se ve rebasado por la demanda de los usuarios, trabaja sin descanso. Por esto y por los altos índices de violencia en Chihuahua y la inseguridad en la que se envían a los practicantes de medicina (que son hostigados por el narco, además de las desapariciones y muertes que ya han ocurrido) Toño empezó la huelga. El rector de la UACJ dijo que ese tema no estaba en sus manos... Y si no le corresponde a la misma universidad ver por la seguridad de los estudiantes, a quien le corresponde?
Recordemos que la salud es un derecho humano, responsabilidad del Estado, es este quien debe de tener sus medios para hacer que se cumpla para todos los ciudadanos... no a costa de la integridad y la vida de los practicantes de todas las ciencias biomedicas!"
Cerraron sus cortinas ese tiempo de angustia,
las lágrimas definidas apenas dibujaban un rostro,
no necesitó oírlo, sólo leerlo, y siendo diestro
como era, la palabra más certera fue su molestia.
Pasaron los días, no era mayo, era junio
sobre junio que se suman diluvios y el calor no agrada,
junio que lo último que quería y que pasaba
eran esas palabras de un maldito infortunio.
La esperanza se desvaneció dos décadas atrás,
el frío calaba hasta la médula de huesos que eran tibios
y rondaban en su mente personajes turbios,
y la vida seguía pero sin ella y de espaldas.
La vida seguía y todo mundo creyó que reía,
pero a su alma le sumaban gramos a su tonelada,
y en su cuerpo lívido como pluma su corazón pesaba
como un piedra o como cardo espinoso y furia.
Los meses transcurrieron perdió contacto con todo,
ella vivía alrededor de muchos pero con cuatro muros
que se alzaban sin abrojo y su corazón se hacía duro;
pasó finalmente un año y el dolor ya era hasta cómodo.
Fuerza, decían muchos que tenía, el don de curar
muchos otros proclamaban y le decían al hablar,
pero ella sentía que carecía de fuerza y sólo quería llorar,
sólo quería gritar si era posible antes que volver a amar.
Y gritó, muy fuerte gritó bajo el silencio de su almohada,
apretó los puños, la sangre le subía a la cabeza
y apenas retomaba aire sollozaba desconsolada
sabiendo que de todas formas a pesar de la tristeza,
ella tenía que seguir para pensar que ella vivía,
para pensar que más allá del dolor habría esperanza,
para sostener sobre su corazón roto la promesa
de que no se rendiría sin antes pelear la guerra.
Miro hacia mis vidas salvajes, me miran con tristeza
buscando explicación, no podré volver a verlas,
me hicieron ver que me enamoro con tibieza
como cuando las nubes lloran en la nieve perlas.
Casi perderé todas mis ideas y sentidos;
al contacto con el amor existe decepción,
disimularé este miedo de silencio reprimido
esperando que la felicidad haga su aparición.
Conocí un cuarto, el cuarto más frío,
días después había cerca dos cicatrices
y sentí que la vida se iba fluida como río,
haciéndome cara de que no me conoce.
Ese día quise de verdad irme, marcharme;
ya no había colecciones de palabras, de cábalas de mí,
había más despedidas bajo un muro de cartones,
había menos de mí, desde aquel entonces.
Se pudo haber hecho todo a su tiempo,
pudo haber sido después con los brazos abiertos,
pudo haber sido consciente y perfecto,
y ya nada fue de lo que aún espero.
Pasan días y noches en las que me pierdo,
sólo siento que se me clavan sus besos en el cuerpo,
era un amor débil, pequeño, cruel y enfermo;
aún siento que sólo me va pisando el recuerdo.
El tiempo no es doctor, ni es mejor medicina,
el reflejo es una distorsión de todo lo que veo,
ya no quiero despertar, para mí no existen los días,
porque siempre es de noche cuando yo no duermo.
¿Existirá algún día ese futuro pluscuamperfecto,
cerraré los ojos y aún recordaré como era ser de nuevo?
¿Dónde le haré espacio a los sueños que ya no tengo
y a todas las lágrimas calladas que me hacen nudo el cuello?
¿A donde tiraré las heridas y despejaré mis culpas?
¿a donde esconderé los miedos, como negaré esta nostalgia?
¿cómo encontraré un camino lejos de la bruma
que me nubla cualquier buen juicio de esperanza?
Quiero disimular este miedo, que mis penas dejen de ser,
y terminen siendo una tormenta con límite de tiempo,
¿cómo podré con libertad volver a querer
cuando mi corazón solo conoce remordimientos?
Skype diciéndome que “internet” está dormida, primer mensaje de la noche, noche sin ruidos manifestándose como portavoces de los más alejados en portátiles de Perú o Costa Rica, otros no tan lejos defeños y juarenses. Hace falta ser un proverbial desencantado para destazar capa por capa epitelios de razones e intenciones como yo lo hago, o ser yo también para reconocer a un cínico que vive escuchando covers y bandas fumadísimas y fingir que todo lo sabe uno por escucharlos saltándose las bases de todo y estúpido vivir creyendo aún más que todo el que no lo haga es idiota. El solipsismo modificado de creer que lo que se lee, se escucha, se viste o se ve es lo indicado, es lo único cierto y verdadero, el alpha y el omega –bajo las influencias más oscuras- y que los que no viven en ello son idiotas y la “cagan” por completo.
Si este texto se publica se encontrarán muchos, ergo algunos me odiarán, pero este saco es uno ya muy pesado para conmigo misma. Esta noche me senté en un restaurante que caminando está a 30 minutos de distancia junto a la nevería que recién ayer visité luego de cruzar variedad de callejones tétricos y lotes baldíos inoportunos; he estado percibiendo el cielo inmenso, proclamador, demasiado aplastante y entre todo eso una inercia y un nerviosismo inexplicable; pasé hace varias horas bajo las sábanas tratando de conciliar un sueño que lleva extraviado tres años, alucinaciones leves y fatídicas de perillas girándose, objetos desfragmentándose, niñas de espaldas y sombras sentadas, además de fosfenos iridiscentes de múltiples colores; como no logré dormir me fui a un lugar más despejado. Irremediablemente me quedo pensando en él y sobrepensando mis acciones, me quedo reflexionando en “Qué ya no quiero nada/ qué llano quiero nada/ qué ella no quiero nada” mientras leo poéticas ambientales para el siglo XXI en una revista tomada del mostrador, en que quiero besarlo y quiero llorarlo también; eso que mi corazón es un gran organizador: organiza funerales para personas con jorobas psíquicas, legrados de mujeres que de tanto odiarme me echan en cara sus celos desde las entrañas y sí, lo exponen –yo no me doy esa importancia para que me odien, porque si tienes enemigos dicen, seguro eres importante-, mi corazón organiza incluso festejos simples y mudos a la felicidad ajena que mira desde su ventana hacia fuera -¿hacia afuera?, organiza guerras profundas, solemnes silencios a cadáveres de guerra, a veces unas ganas de llorar en el momento de un agravio que en la mente se maquina por circunstancias que realmente no eran del tal dañinas pero como todo se sobrecavila, helo ahí, una risa tropezando, un estirar de manos, cerrar los ojos fuertísimo o abrirlos demasiado en su defecto para que el aire seque las lágrimas y voilá: no más lágrimas imaginarias.
Y si indefectiblemente algunos hombres pueden ser muy bobos a veces, esa tara imperdonable, es imposible repetir historias sobre todo las de vivencias personales, y cuando estas son liberadas, se instala la desconfianza del receptor que a partir de ahí todo lo prueba y, razona si lloraste o no al contarlo, si hiciste algo, si giras los ojos a la izquierda o a la derecha –porque las memorias se alojan de un lado y la imaginación del otro-, pero afortunadamente soy buena distrayéndome y lo que hace un minuto era ira, ahora se convirtió en un pensamiento pueril sobre si Stanislaw Lem se parece a Chespirito y a eso le sigue sobre la edad de la concertista de piano que quería ser escritora en la Geografía del Tiempo y finalmente como toda concatenación sin sentido que surge de empezar hablando un tema y llegando a uno diametralmente distinto llegó al movimiento Tue Greenfort, sobre si la industria y la ecología pueden confluir en paz, pero ahí mismo se discute, ¿quién puede decirse ecologista y denunciarse públicamente a través de enormes pancartas viviendo de la comodidad de la urbe?, se dice, y se dice muy bien “No hay naturaleza, hay una compleja pluralidad de seres, de fuerzas en tensión” y vaya tensión que nos hemos jalado desde que en el siglo pasado seguía existiendo un agujero en el ozono, y hoy a todos se nos olvidó. Seguramente no existen “apps” suficientes para eso. Pero todos ponen su granito de arena al entorno.
Ahorita me siento bien, ¿bien por qué?, por qué hay ánimo para todo… ánimo de pegarse un cañón al músculo sobre el hueso temporal y calibrar si es cierto eso de las heridas en bocajarro y las trayectorias en socavado de cráneo, prestadísima para medir la resistencia de las sogas más gruesas de algún Home depot o de las resistencias físicas de un cuello humano y grácil, más que dispuesta también a dar más que sorbos a la cerveza sobre la vacuidad de mis manos o incluso de ánimos para alucinar destellos, amor y belleza en pastillas rosas. Lo que sea que me saque de esta pesadez pélvica y moral. Ser más como una Reikiavik o un verdadero París, preguntarse por qué aquel joven falso alemán ha abandonado por completo las obras y la poesía, por qué dejó de hablar de ella como cuando un perro se muere, por qué Mariana y por qué Jimmy, por qué a estas horas duelen el áspero sonido de las grabaciones de Charles Mingus de unas pesadas líneas de contrabajo, por qué Hard bop o bebop, sugestionarse y seguirse preguntando todo, y claro, caer en el error como todos: preguntarse sin darle a cada pregunta su respuesta hasta tal ebullición de dudas que amargan y desesperan.
Hasta ahorita de todo esto uno sólo de los pensamientos me inunda, aquella tarde en que me despedía, en que hice la última de las luchas para volver a la controversial rutina y vivir de la estela de su esperanza que de las inhóspitas, severas y deprimentes sorpresas que da la realidad y comprobar en efecto que era una de esas, una inhóspita severa revolcada realidad.
Poco a poco deslizo las páginas, dos hombres quedan en el restaurant, uno de ellos es el camarero que insiste en tomarme la cuenta cuando ni siquiera he ordenado nada más. Me encuentro con un cuestionario LT dirigido a Jamie Stewart, ¿qué le gusta hacer en su tiempo libre? a él preocuparse a mí deprimirme; ¿palabra utilizada con más frecuencia? a él Shhh!, a mí “En fin”; ¿Cuál fue el último libro que le resultó admirable? Sex traffcking Inside the business of modern slavery de Siddharth Kara, a mí Ficciones de Borges (admirable por todas las contemplaciones que me surgieron de él); ¿Película? El luchador de Aronofsky y a mí ninguna últimamente… ya no recuerdo, quizá Veronika decide morir; ¿qué disciplinas artísticas le interesan además de la suya? a él la literatura, yo me inclino por la fotografía o la pintura; ¿Música que lo conmueve? entre 65 y más Bauhaus, The Cure, Johnny Cash, John Coltrane, Diamanda Galas… por mi parte Sharon Van Etten con I cant breathe o One day, a veces Suzanne de Cohen, y otras Fever Ray con When i grow up, siguen las preguntas… la última para evitar cuentos largos, ¿se identifica con algún personaje de la ficción? él apunta Butters de South Park, yo respondo Garfield, sencillamente porque odia los lunes como yo con mi media hora libre del horario de 12 horas, porque ama comer, como yo lo disfruto porque constantemente lo olvido o no tengo tiempo o debe ser rápido para alcanzar a hacer todos los deberes o hasta para no llegar tarde a clases y porque le gusta dormir y yo desearía poder dormir con mayor duración y calidad de sueño, y también porque es el suyo el único sarcasmo que entendía en mi infancia.
Ya es noche, es hora de cerrar y pensar de aquí de regreso a la casa, por qué el ciclista habitual y colega sano Mike Rojas, maestro de unos pequeños acosadores que son sus alumnos; por qué Lalo, el responsable, el verdadero responsable, un loco igual que yo, el acero templado que es él, porque Míkel y sus 600 acertijos resueltos en noches de una hora, por qué Anai y Jair que amables han sido al adoptarme en equipos, por qué de muchas personas y muchas cosas… y siempre la pregunta primordial por qué a mí y a esta situación que ya me orilló a verdaderos abismos insalubres, vacíos y aporías en el mediastino, médulas imaginarias en meollos sin raciocinio, por qué la poesía sólo rompe y no innova, porque Rabih hage, un antivictoriano en Londres y un Kisho Kurokawa metabolista japonés. Por qué no tú y yo, algún día, en algún lugar, con un poco de esperanza sobre la sien. Sencillamente porque no, porque estoy cansada, porque el mundo se apagó al primer atisbo de buenaventuranza, al primer páramo de un poco de civilización en una humanidad tan descabellada, con alguien que parecía predilecto. Es un no, porque ya sólo queda esta carrera y, Aspergillus, Enfisemas en miembros torácicos, Necator americanus, malos intentos de suicidio suturados o lavados, envenenamientos por esposas despechadas, Regina probantissima, enmendaduras de choques, hipoglicemia, canales de sodio y muchas anginas. Por qué ya sólo es la noche, el desperdicio de palabras que es el silencio, la desaparición que sigue siendo un caso abierto de los chanates, la extraña calidez de un olvido progresivo, una tristeza abierta, plena que me va como por antonomasia, algo como epónimo biográfico. Sí esa, a la que estoy acostumbrada que ya no me preocupa regresar de ella; porque esas mañanas en las escaleras de piedra en posgrados se fueron, porque un ingenioso elaborador de cartas se fue, porque el cuervo negro murió, porque sus dedos que antes me sostenían entre vocablos y endecasílabos se suprimieron, porque ya nadie habla, porque se ha ido Sabina y la guitarra y Santiago y yo no iré al cielo escuchando alaridos de gatos e imaginando más mermas existenciales. Esto pasará y por mientras yo seguiré escribiendo, aunque extraño las postales más alegres y menos malhadadas de Remedios.
Mínima lista minimalista:
Si por mí fuera / Si fuera por mí / Si fuera por fuera de mí /
Si por mí fuera el fuera de mí / Si por mí fuera el dentro de mí.
- Los estudios de Seyle con posterioridad llevaron a plantear
que el estrés es la respuesta inespecífica a cualquier
demanda a la que sea sometido, es decir que el estrés
puede presentarse cuando se da un beso apasionado.
Siento que se convirtió en el Burnout de mi vida, un cartógrafo bastante peculiar y ansioso, músico de tiempo completo, amante de medio tiempo y amigo de turno nocturno. Paseño como tal que vive creciendo a velocidad neutrina - qué por eso mismo digo yo, siempre lo sentí más maduro que yo misma a pesar de su joven edad-, era casi tan paseño como el Teniente William Brown McIlvaine III que a sus 24 años de edad pereció una mañana del lunes haciendo maniobras aéreas; pero con ese toque clasista, recto y hasta fidedigno de un mexicano, o mejor dicho un Juarense consciente y preocupado. El también había chocado alguna vez haciendo maniobras pero maniobras de vigilia a medias, sólo que el no pereció, sino al contrario, se le devinieron tantas cosas como estrellarse contra muros de cemento que simplemente ya nunca durmió igual, sus problemas que tal vez había guardado de forma férrea, se habían exteriorizado más que antes.
Hoy escribe por supuesto, tiene empleo aunque sea de la universidad, tiene novia talentosa (una guitarra con la que acompaña sus travesías más oscuras, entornos de sombras, riscos de suicidas, profundidades abisales donde las peores pesadillas siguen dándole ese aspecto desvelado y casi enloquecido), es también un asesino - algo que nadie nunca se imaginó, ni yo misma lo esperé. Una noche de hace unos días se cegó de furia con una noticia que aunque no diga, él quería sentir que lo esperaba y sabía que sucedería algún día; entonces todo ese tiempo fue la larga espera de lo inevitable y también inadmisible, estaba furioso, la sangre le hervía sobre una sien confundida y tan dura como loza, le palpitaban las manos, algo necesitaba para desencadenar una reacción que lo consumía conforme cada minuto pasaba, no sé si la tomó por el brazo o por el cuerpo, pero ahí mismo la arrojó al suelo y la pisoteó como nunca, como eso que tanto tiempo deseó hacer con alguien más y no hizo por caballero; una vez pisoteada la inspeccionó con detenimiento sardónico, frustrado y apesadumbrado al mismo tiempo, la vio, notó su calidad de vieja, de falsa, la tomó esperando encontrar en ella algún fragmento de bondad, de piedad hacia su persona, un aspecto que le dijera que no estaba siendo ruin y ruin no era sino que le remordía sentirse tan mal como para asesinarla así, pero la vio, la vio tan falsa, tan puta o tan traicionera, que simplemente ya no quiso reconocer nada bien dentro de si mismo y su pasado; yo me encontraba a kilómetros de distancia en un ordenador y estuve ahí cuando sucedió, al igual que la resbalosa, y sé muy bien que al igual que otras se enteraron y por ello sé ciertamente que lo que dije no ayudó en nada; desde hace meses lo que le digo ya no le sirve demasiado porque aunque él lea esto y diga que no es verdad, sabe que es verdad, sabe que ya no puedo darle esa calma completa como antes y sabe también que ya no hago esa diferencia, por eso me he cansado de hacer en él una diferencia. Sin embargo insiste en escucharme porque al menos existe en mí esa parte conciliadora con respecto a situaciones médicas - eso hago o eso intento-.
Finalmente ese día terminó con ella, y todos esos restos desmembrados los escondió en una bolsa negra que en los albores del día siguiente tiró con suma cautela en un bote de basura frente a su casa, razón por la que llegó tarde a sus clases de la mañana. La sensación no fue liberadora por supuesto pero si algo había logrado en él, es que eso poco que era remordimiento, ira, frustración y desambiguación no lo consumiera por completo.
Se volverá cínico, sí, desconfiado, seguramente, ¿alguien podrá cambiar eso en él?, no, pero él sabrá por sus propias maneras cambiar ese estilo de vida que lo traerá dando vuelcos entre dudas y resabios profundos. Entre lágrimas de angustia por el futuro.
Un día en tiempos futuros volverá a España encontrando esa parte de la vida que tanto lo maravilló hace años, ese lugar que había sido el tiempo entre nuestro primer avistamiento y el reencuentro unos meses después. Yo creo, espero, estar hurgando seguramente entre les mystères de Saint-Emilion, le vin et son éponyme, et un peu de solitude et les mots plein de dépression. Pero esas son cosas que suelen ser en la vida real sueños proscritos.
A veces lo veo a través de las fotos, prefiero hacerlo cuando aún no se ha conectado, me da la seguridad de que no sabrá lo que he estado pensando o sintiendo cuando veo al mundo y cuando no me veo a mí; a saber que las personas impactan de tal manera que los cráteres que dejan siempre existirán como piedras de granito sólido que el viento y el fuego jamás podrían deshacer, que ninguna otra dicha nueva podrá sustituir, y que por supuesto aquellos detalles y factores que determinan un cariño sincero jamás podrán demostrarse de la misma forma. Piense lo que piense, reconozca lo que reconozca estas mismas cosas seguirán siendo igual, tal vez ha batallado más en darse cuenta de eso, no es reclamo, es reconocimiento de las facultades del ahora que nunca se han borrado, quemado o suspendido en una destrucción de amnesia negra.
Debería aún así pensar en las muchas cosas que hicieron de su pasado una aventura y una feliz travesía, aunque por ahora sean sólo el espejismo profundo y apócrifo del pasado.
Los funerales siempre son una paradoja del tiempo. El tiempo vuela demasiado rápido pero un instante siempre se impregna en cada segundo que pasa. Se desplaza lento primero invadiendo un minuto y después el siguiente. Es lo mismo que sucede cuando se agoniza en un desierto, que importa la noción de una hora si todo será calor o todo será frío, será día o noche y apenas un amanecer o un atardecer se desvanecen en la alucinación de las buenas cosas.
Cada signo de armonía se despedaza por el siguiente minuto de silencio, cada sueño con él se va miga a miga, grano a grano en este enorme reloj que es el mundo. ¿Por qué todo son horas y horas?, ¿por qué no existes en mi vida?
Sus manos apenas grandes apenas cálidas parecen fósiles de hace miles de años y siguen tan presentes como un recuerdo remoto que se teletransporta con todo y artificios de veneno y de alegría.
Conocí un hombre que ha vagado cien años en el desierto, un desierto que tan bien como yo lo conozco apenas me he atrevido a pisar. No sé andar sola en la arena, me hundo fácilmente y por más que lucho por deshacerme de las toneladas de tierra que se filtran por mis venas simplemente no puedo. Él en cambio ha vivido a espaldas de casas de acero, bajo la sombra de las tristezas humanas, bajo la crueldad de una lluvia de desesperanza y con ello logró pisar firmemente la arena. No sé como le habrá hecho, tal vez simplemente depende de lo que cada persona es capaz de catabolizar a su favor.
Pero yo no catalizo, yo anabolizo y todo se me junta y termina por desperdiciarse a las cuatro de la madrugada en interminables cuestionamientos sobre la verdad y las múltiples catarsis de lo que creo entender y finalmente no entiendo . Él empezó su camino muy joven, tan joven que a pesar de todas las soledades y de su matrimonio, a pesar de sus hijos, de sus nietos y esa rodilla rota que lleva tiempo intentando sanarse, ya no es posible identificar si ha bebido a no; la voz se le quedó ronca, hueca, seca y las palabras atropelladamente arrastradas que cada vez que me es posible llamarlo sean las diez de la mañana o las doce de la noche habla siempre igual, como si hubiese bebido.
He empezado creer que bebió tanto pero tanto que con el tiempo esa se volvió su costumbre. Hay un hombre en el desierto, allá afuera tan sólo como yo. Tan triste, tan atropellado por el tiempo que no puede asirse a nada más. Ni la felicidad se aferra, ni la alegría se queda impregnada como colonia de buena marca. Nada se queda. Simplemente se va, y como él siempre se va nunca se hunde, pero yo... yo que sólo me quedo, no encuentro manera de arrastrarme fuera del mar de arena que es la soledad.