Destinatario

Estas son sólo notas de olvido, recibos injustificados, cartas de silencio y telegramas melancólicos que una mujer de vena negra escribió.
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viernes, 6 de febrero de 2015

12 canciones para mentir


No sé el preciso momento en que comencé a escribirte;
una tarde el cielo crecía inmenso y se aplomaba,
las nubes parecían aluvión de las ropas vencidas,
había un silencio pendenciero en el cuarto.

No sé cuándo te inventé o por qué lo hice,
pensaba en ti y en naranja cortada por navaja sevillana,
pensaba en las cosas tristes que se dicen los amantes en la cama,
pensaba en tu cuerpo yéndose entre nieblas mirlo negro.

En la precisa noche que duermes,
y un sabor consabido a mi garganta fluye por la comisura
mencionando tu nombre como un viejo hechizo,
empiezas a levantarte como estraperlo de mis sábanas.

No tienes voz, no tienes medida,
cuánto eres mi amor que no hablas;
mientras tu recuerdo huye en estampida,
cuánto eres mi amor que no estás y te extraño.

Trasijado, contundido de mis letras y mis besos,
amado pero a lo lejos, escopladura de mi corazón;
Te amo a mnemotecnia y trabalengua,
te amo porque de todas mis cuerdas tu eres mi bordón.

jueves, 26 de enero de 2012

Fotopoesía (2)


Mis manos sobre las tuyas conocen el norte,
caen ellas y se deslizan hacia el sur,
¿sabrá la gitana con todo su don
que mi destino siempre fuiste tú?


No te desesperes alma mía,
que encuentras en mi mente el peor de los rebotes,
arrebatos y desdichas que se acunan en la noche
donde el diablo juega a las mentiras.


Agua, decía el principio del tiempo,
agua y la tierra la lloraba de día,
agua gritaba el hombre en el monte
cuando descubrió que ella le daba la vida.


Corren riachuelos, como guijarros risueños,
se juegan la risa y corren deprisa
para mezclarse entre ellos, que grandes las dichas,
que largos desvelos, que se unan nuestras vidas como aquellos riachuelos.


Hoja verde del laurel donde me criaste,
rosa divina que a la vida me trajiste,
bellos senos de manantiales me dieron,
la salud, el alimento, el agua que mis labios extrajeron.


Lejanía azul, ambarina, azul y cristalina,
llama bailarina sobre el cielo, cielo sobre nubes escondidas,
baja el oso, el lobo y el pato en vuelo que puebla de música los confines de la cima.


Turbia fue tu alma que me dio las tristezas,
turbia fue tu voz casi arrepentida,
fuera fue el sonido de mis ecos que retumbaron
al ver que ya no me querías.


Que horrible realidad ha ocultado el cielo,
que horrible tortura estirar las manos y no alcanzarte,
que mala suerte que te han resguardado con recelo
para que no te alcance ni con las manos al levantarse.


Caído, lánguido, despreciado y el desdeño
de quien no supo amarte y te tiró sin más remedio.

Fotopoesía (1)


El mar en su hora bravía contagia de amor los labios,
revuelve estómagos que con lejía se carcomieron durante años...


Los árboles han callado para sí nuestros roces,
las aguas retozaron nuestros cuerpos cambiantes,
allá sobre la cascada se precipitan las voces
de los cansados caminantes.


Te invito a comer en mi mesa,
hay pan, vino y poesía;
no hay pasión ni emerge la alegría
si me acompaña tu ausencia,
por eso te invito a mi mesa.


Quien en tu consciencia,
diste oración diste perdón a la penitencia,
pero la oposición te fusiló sin indulgencia.


Que rostro el del hermano mío,
tu origen de indígena zapoteca,
te dio más amor por la tierra,
que cualquier ciudadano perdido.





Madrecita de mi querer,
rosa con rocío de mujer,
protectora a quien rezo por mi bien
y el de todo aquel que te quiera adorar.


¿Qué México te ha despreciado,
quién te ha desterrado,
quién te humilla y ríe en tu frente,
si hermano mío eres, mi primo, mi sangre y mi gente?


Doroteo Arango, Pancho Villa,
Centauro del Norte, amante de por vida,
mujeres a montones, niños hasta arriba,
Jefe en la revolución mexicana fuiste Francisco Villa
que contra Huerta, tuviste la muerte en la emboscada,
viste tu vida pérdida.


Vieja catedral cuyas campanas han grabado su sonido en las canteras,
sus repiques en el órgano frente al altar
y nacimientos, bodas y plañideras acuden a tu lugar.


El ojo sobre el cielo se había alzado,
la luna se miraba en el espejo,
yo que te había deseado tanto,
muero de ganas por verte de nuevo.


Alevosía del arrebol sobre el monte,
que coronas los pechos desnudos del llano
y remontas las colinas con el mismo goce
que te sabes de años, Astro rey del fuego, primicia del verano,
quien viera sobre tu corona, el único despertador que suena temprano.