Destinatario

Estas son sólo notas de olvido, recibos injustificados, cartas de silencio y telegramas melancólicos que una mujer de vena negra escribió.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuando llegue el tiempo...



Te dí mi juventud y mi soledad,
abriste mi cuerpo y mi sonrisa,
sentí abiertamente tu brevedad
 el año que se esfuma deprisa.

Año que vistes de barba gris,
que alejas al amigo fiel,
que desapareces todo mi ser
y que transformas mi país.

Que vistes de octubre la hojarasca
y cubres de blanco los tejados,
que rompes distancias en mi casa
y te vas despacio a lo desolado.

Año que te olvido, año que te vas
mientras otro nuevo ocupa tu lugar,
cambio tus meses y tus horas por nada
por lo que el tiempo se lleva y tu te acabas.

Que triste se te olvida año viejo,
sin piedad el umbrío destino te borra,
te despides mientras llega tu relevo
trajiste bien y mala aventurada brisa.

Eras fuego de amor y dolor de guerra,
infantil abril y la fiebre de febrero,
ya cosecha raíces de la dulce tierra,
que por anís ya te hace su entierro.

Eras recuerdos del primer amanecer
y ahora duermo esperando el día,
el año se acaba con sol y su timidez,
 y las semanas me dejan su huella hendida. 

Año que te vas para olvidar,
año que vuelves hasta cero,
alzo las manos por esa dicha
de querer empezar de nuevo.





sábado, 24 de diciembre de 2011

Mi calor...


En la puerta de mi solitaria alma
donde con esmero te dejo entrar,
aire de calor despide, luces de calma da,
esta mi morada,  este mi hogar.

Enciendo la alegría de tenerte,
el cencerro repica el amor,
la mirra de tus ojos el verme,
el dorado de tus labios con calor.

Mi calor es recibirte sin miedo,
el frío que me cubría hasta hoy,
se despide con un ¨hasta luego¨
si el muérdago cuelgo yo.

A dulce atole me saben tus labios,
la palabra dicha es una esfera colgando
desde un árbol donde construimos
sueños que se iban subrayando.

En la carta que al señor de rojo le escribí,
no le pedí regalo material, ni labial carmín
lo que yo con deseo más profundo pedí
fue que tu estuvieras junto a mí.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Cansada


Cansada de encontrar en la vida
un zapato roto y la ausencia misma,
Cansada de todo lo que buscaba,
cansada de todo lo que no quería.

Vaciada de energía y de amor,
mi vida ya se encuentra casi muerta
mientras me lleno con un gran dolor,
y ninguna decisión me toma en cuenta.

Bien dicen que no se muere de amor
pero ¡ah como se enferma de pena!
esta alma que sufre de una tristeza
que no puede vivir sin decir adiós.

Estoy cansada de llorar y de reír,
no siento ganas de dormir ni pensar,
no poseo las fuerzas de existir o continuar
como tampoco siento sin estar junto a ti.

Estoy cansada del vacío de mis manos,
del desconsuelo que duerme en mi cama,
de todo el tiempo que escapa por mi ventana,
de todas las piedras que rompen mis huesos.

Cansada de arreglar y buscar entre cenizas,
y cansada de perder la batalla, ganar una herida,
sin poder despertar y sin poder dormir,
me siento cansada por completo de ti.

No es que muera de amor...

No es que muera de amor escrito por Jaime Sabines, a quien he estado leyendo últimamente desde que vi una compilación de sus poemas en mi librero y su foto donde su imagen es en blanco y negro, totalmente austero y ya entrado en años con esos lentes grandes que me recuerdan un siglo pasado y bohemio; lleva puesto una camisa blanca de algodón y abierta por el cuello, en su brazo izquierdo cuelga un reloj con carátula circular y en la extensión final de su mano un cigarro medio consumido, mientras en su mano izquierda lleva puesto un anillo. A media cintura ciñe un cinturón un pantalón gris y en su rostro finalmente culmina una expresión seria y desgastada. El libro se llama Recogiendo poemas con un prólogo de Carlos Monsivais el cual fue mucho de mi agrado leer. Así pues los dejo con este poema cuyo ritmo y musicalidad me fascino hasta la ultima palabra.



No es que muera de amor...

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Capturando vapores...


Ya no son las calendas de un mes que sabía a sobria y llana simpleza, si no la sutil belleza que desprenden los aromas del invierno vertiendo sobre mí nostalgias cubiertas de otoño y tristezas abstractas de la frialdad con que se baten los meses; hoy me jacto de sonreír de nuevo, no escribo sobre ello porque mis pensamientos se han ocupado de fiebres que retornan, de fantasmas que dejan de ser sombras y se vuelven cuerpos táctiles. Por eso me detengo pensando hoy en ti, de alguna manera el hecho de que este lloviendo y afuera de mi techo caigan como balas tentadas a desbaratar mis sueños las gotas impasibles precipitándose, me hacen pensar en ti solo por que el sonido me hace sentir lo mismo cuando me ves. El hecho de sentir el aluvión de tus besos cayendo como plumas con los leves roces y los misteriosos deseos, son plumas pero lo cierto es que como pelotón de ataque, disparan atravesando líneas enemigas para encender la pólvora del tiempo que se nos fue de las manos como se nos van los días en el calendario y el viento de las manos.

Se han rebasado las fronteras de un abismo que un Fausto ha abierto entre tú y yo, y en ese momento lo que parecía un tormento tempestivo y malsano, hoy parece sustituido por una calma sin nombre, no sé si la calma como la de la sala de un velatorio o la calma de la apacible tarde en que nos vimos. Ese miedo primordial me hace voltear hacia una caja atolondrada que se oculta en la esquina de un armario, una caja con contenidos que solo los biógrafos más experimentados podrían ordenar en un tiempo más lineal y no tan desordenado como yo lo he hecho. Ese miedo fatigante me hace sentir esa sensación vacía entre mis manos y mi pecho, no importa cuánto lo presione, sigue existiendo la misma sensación. Pero de repente lo que parecía entrañable se vuelve algo más, porque nadie mejor que tú supo unir dos tiempos: un pasado que no sabía predecir un futuro y un presente que sigue abrumado pero no del pasado, si no de la próxima hora. Hora tras hora que se ha escapado solo de aquellas noches en que caminar por la casa suele descubrir entre nosotros sentimientos más arcaicos y profundos que otros.

Por eso, después de despojarme de las sabanas, en plena humedad del piso de Danubo, tomo unas pantuflas gastadas y arrastro los pies hacia la sala, bajo los escalones de una madera cuyo nombre no recuerdo, mientras con las manos voy palpando las frías paredes hasta dar con el interruptor. Después de encender la cafetera, ningún otro ruido se escucha en esta casa, solo ese burbujeo del agua hirviendo y creo que muy por afuera la lluvia que sigue cayendo. Me siento en el sofá, y solo no puedo dejar de pensar en tu mirada, no importa cuánto nos consumiera el tiempo, las alegrías o las tristezas – más las tristezas – porque cuando nuestras miradas se encontraron fue tan solo un devenir incontenible, una emoción tan apasionada que no me impedía reírme como nunca, ni me dejaba estar quieta con mis piernas cruzándose y descruzándose. Esa mirada sigue estando en ti, llana, seria, sorprendida y atenta a todo lo que saliera de mis labios… atenta a mis labios. Después de tanto tiempo seguías empapado casi diría alcoholizado en esa colonia que siempre me recordará a ti, tú seguías pareciendo un hombre membrudo pero dulce y yo, frágil y fácil de ceñir porque no era posible evitar ser rodeada por tus brazos. Y como si fueran dos imanes que no pudieran cambiar su dirección nuestros ojos se encontraban, yo veía tus ojos como dos perlas de un Caribe negro escondido en un llano que ardía en llamas, eso siempre me hacías pensar, veía esos ojos rodar desde mis ojos a mi boca y como si fuera una reacción inmediata se reflejaba en tus cuencas las arrugas de una alegría desprendida por la bocanada de palabras que no se decían con la voz, seguido reías nervioso, inquieto, ni siquiera sabía si lo hacías instintivamente sin poder evitarlo o era algo que te gustaba hacer a tu antojo, pero me gustaba.

Poco a poco mis manos te redescubrieron, desde esos amplios pómulos, hasta las curvas de tu sonrisa; sospecho que por eso decían que un ¨te amo¨ solo entre paréntesis se decía. Tus pómulos solo fueron terreno fértil de alegría, de quebrantos, y tierra donde sembraba yo mis besos.

Ahora mismo no sabría decir si el calor que siento internamente es producto de la taza que sostengo o de los recuerdos que siguen abalanzándose sobre mí, pero creo que es fácil predecirlo. Mis besos que siempre han ido corriente arriba desde tus labios al cielo, o que corren horizontalmente humedeciendo alguna esquina escondida entre tu barba, o haciendo chasquidos romanceros en el eco de tus oídos y de ahí caían como el agua en cascada por la extensión de piel de tu cuello. Ahí fue cuando pensé en mis labios como agua y los tuyos como fuego, uno tan inmenso que carcomía todo convirtiendo mis labios en vapor. Todo parecía carbonizarse, desde las ideas en mi frente, en los despojados respiros de la punta de mi nariz, mis labios y finalmente mi grácil cuello. En ese ardid de pasión es fácil perder la visión, la idea, el juicio o el entendimiento, nos es imposible a los dos. Ambos tan extraviados en las montañas de la Tierra de Fuego o en la dureza del risco donde nos lanzamos, esto es agua y fuego, tierra y letras pétreas en un tiempo que nos es aún indefinible. Y como si quisiera hacer un movimiento con mis dedos toco la maraña de ideas que se han formado en tu pelo, no sé porque pienso que eras más un Sol Movimiento, porque parecía siempre que llevabas un terremoto en tu cabeza. 

Aquí sentada en el sofá de la sala que nos vio sonreír en algún tiempo te escribo en las servilletas, en los granos de café, pinto imágenes de la alegría que refleja pensarte de nuevo.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Extremista por excelencia...


Así me describiría... una extremista por excelencia, pocas veces me he sentido en un terreno gris; muchas personas han estado hablando conmigo, hace poco sentí haber perdido el gusto por escribir, cuando uno suele sentirse afligido siempre toma extremos, pero hoy ya dueña de mis emociones pues estoy de acuerdo con lo que me han dicho, que el hecho de que alguien te haga sufrir no debe impedir que tu hagas lo que te gusta, lo que haces bien; muchos comentarios me animaron a no seguir con la idea de cerrar este blog, posiblemente continúe escribiendo. Aún quedan muchas ideas por ordenar y desordenar en mi cabeza, y creo que tengo razones mucho más importantes y fuertes para continuar siendo como hasta ahora he sido, para continuar trayéndoles un nuevo poema a saborear o una nueva historia que puedan pintarse en la turbidez de unos vidrios que miran hacia este sitio. La vida es demasiado complicada pero de alguna manera descubro que dentro de todo siguen siendo las mismas leyes esenciales y vitales. Cuando algo concluye no siempre es malo a veces es la dura señal para que te des cuenta que siempre hay algo que sea más bueno o sea mejor; absolutamente nadie que se haya subido a una bici ha salido ileso, desde frenar y caer, chocar, y rasparse, hasta que al final del día uno sabe pedalear, esquivar y derrapar. 

Hace poco hablé con  una amiga, me preguntó que por qué era bonita la tristeza, sé que el sentimiento no es nada grato pero lo cierto es que la tristeza tiene el único lado bueno que la felicidad no, y es que te enseña lecciones que ni ilusionado ni alegre aprenderías, de las cosas tristes aprendemos más rápido que de las buenas. 

Muchos me describirían como una persona fuerte y de verdad lo creo, nadie se fortalece teniendo fortuna en su vida, nadie descubre como debe ser una relación entre familia, amigos y el amor si primero no comete errores. Lo más sublime es cuando después de que crees que todo se ha venido abajo, surge algo o alguien que transforma de nuevo el mundo que vivías. 

Lo más importante se descubre cuando después de todas las alegrías y todas las penas, empiezas a dejar el egoísmo con que ves tus problemas o tus triunfos y te das cuenta que debes dejar la vida seguir el rumbo de las cosas. Un amigo me enseñó que las cosas en nuestra vida no deben tener posesión, en especial el amor. Las cosas son tan frágiles y temporales como nosotros y no siempre sentiremos que valen la pena, pero lo valen. Cuando uno hace al lado sus problemas es capaz de abrirse hacia los demás y hacia lo que sucede a su alrededor, es más fácil comprender un mundo que estudiamos a fondo y del que aprendemos. Es lo mismo con el amor, es difícil terminar o ser terminado porque volvemos al amor egoísta, lo volvemos algo que fue nuestro y se fue, en vez de pensar que era algo que estaba en nosotros como en los demás y no se puede quedar o ir, solo estar. 

Quiero continuar escribiendo, eso es seguro, haré todo lo que me guste hacer porque todo es temporal y no todos somos capaces de apreciar las cosas. Yo por ejemplo aprecio la belleza que tiene la lectura, hay libros que pueden sumergirnos y podemos experimentar e incluso logramos capturar cosas que se quedan con nosotros toda la vida. El primer libro que leí fue casi un destino, un mamotreto para mi edad de hojas amarillas con algunas pinturas de escritores, ese libro era una gran antología de poesía, obras teatrales y algunos extractos de historias. Ese fue mi primer acercamiento a la poesía. El segundo libro no fue nada menos, los autores eran británicos y era sobre un misterio escondido en los versos de la historia contada por un amor imposible y transfigurado por años, la historia de la duende de agua Nimue cuyo deseo por salvar a su amado terminó destruyendo al demonio pero también los transformó a ellos en una gran gruta y el agua salada. El misterio suponía la liberación de estas dos formas y el reto solo estaba hecho para mentes sagaces y abiertas. La leyenda decía que si te colocabas en el fondo de la gruta escuchabas entre el oleaje y la gran muralla de piedra las voces de ambos amantes hablando sobre el tiempo y su amor. Suena muy romántico. Pero con ese libro aprendí a los 10 años lo que significaba sisear, bruñido, derruido, aluvión, miríada, entre otras palabras. Por esta razón pretendo seguir con esto que me apasiona tanto.

Con este lado optimista despido mi entrada de regreso (:

Nuevamente gracias a todos por su apoyo.

Abrazos.