Destinatario

Estas son sólo notas de olvido, recibos injustificados, cartas de silencio y telegramas melancólicos que una mujer de vena negra escribió.

jueves, 2 de junio de 2011

La sombra de tus ojos



Comenzó la lluvia y no lo note hasta que me asome por la ventana, y yo que creí que esta casa era una caja de música que podía transmitir los sonidos hacia el exterior, pero nada de afuera hacia el interior de esta casa, estuve sola pintando, el tiner me hacía creer que me haría pronto una adicta, terminando el cuadro estuve sola pensando mucho en ti, hace tanto tiempo que no te visitaba y apenas recuerdo tu rostro, esta soledad necesitaba una transfusión de alegría que corrigiera toda esta tristeza, pronto empecé a hablar sola.



- ¿Y si imagino que tocan la puerta de mi casa? Alguien seguramente que se refugia de la lluvia, que tiene un auge triunfal contra viento y la lucha se vuelve una orquesta en las hojas. Si tocan la puerta… puedo imaginar que eres tú él que toca la puerta, tu cabello azabache y tus ojos telurios fijados en tus zapatos nuevos llenos de lodo… te molestaba ensuciarte los zapatos más caros… imagino que fuiste tú quién tocó a mi puerta, entras sacudiendo esas pequeñas gotitas de tus zapatos, miles de gotas que hacen figuras de peces en tu camisa son los proyectiles que la lluvia te disparó, pasas a sentarte en la sala y yo te observo detenidamente mientras sigues mirando lo caro de tus zapatos, sin saber que toda tu vestimenta está llena de lodo…


Me percate de que los minutos pasaban como una ráfaga, llovía afuera y muy seguramente seguiría lloviendo, este ejercicio de imaginación no iba a ningún sentido, tu ya no estabas conmigo de que servía que volvieras… ¿viejas añoranzas? o serían esos sueños perdidos y los deseos que contigo siempre reprimí y solo los reprimí hasta que tu por fin te fuiste, te despedí de este hogar y en lo que cabe de mí, de todo mi mundo.


Dejé calentando la olla para el café… más noche me pondría a disfrutar un poco más de la soledad y el silencio que clausuraba esta casa a punto de venirse abajo con el vendaval de afuera, me dormí unos instantes y seguí soñando con mis imaginaciones; golpes insistentes desquebrajaban una puerta de madera, la entrada estaba gris y húmeda aunque a ella no llegara la lluvia. Esperen, ¿si estaban golpeando la puerta?, me levante para percatarme que mis imaginaciones no cobraran vida, no escuche ningún sonido, me aproxime a la puerta para abrirla, cerca tenía mi mano de la perilla cuando golpearon dos veces más, no eran tan fuertes los golpes pero si eran como aquellos que se dan con la mano pesada y lenta, la puerta cedió y se abrió. Lentamente se dejaba abrir mientras el viento frio empezaba a colarse, entonces pasmada ante la figura de un hombre contuve la respiración, la noche había caído tan intensamente que la oscuridad apenas me permitía ver este hombre al rostro y como si yo fuera parte de un control mental dije:


- Pasa… siéntate…





Me acerque al interruptor para encender la luz del foco en la sala lo cual fue inútil la luz se había ido por la tormenta de afuera, volvería en algunas horas seguramente; como pude a tientas llegue a las velas que se encontraban en el cajo de la cocina, tome unos cerillos y encendí una de ellas, la más gigante, en medio de la mesa del comedor, ahora podía ver con mayor claridad la fisionomía de él, sin embargo su cara poseía una especie de abismo que tragaba la luz dejando sobre ella solo las sombras, pronto yo ya no era dueña de mi misma, no podía decir o preguntar lo que deseaba pero solo repetía lo que en mi mente resonaba a contestar.


- Prepare algo especial – dije – algo que seguramente recordaras de la última vez que nos vimos.


- No encuentro nada más especial que tú, y sé que estas preparada, ya que tú me has llamado.


- Te llamé desde mis adentros, desde mis deseos más elocuentes y siniestros.


- Desde los deseos de tu corazón marchito me has llamado y por eso estoy aquí.


- Tanto tiempo…


- No han pasado más de dos años, ¿has encontrado a alguien?


- No.


- ¿Por qué no has buscado?


- No es que no haya buscado… es que no encontré.





 Se sentó junto conmigo en la mesa, la luz dejaba ver su rostro y esos ojos azules, su cabello negro estaba cenizo por la tierra y su rostro estaba sucio por el lodo, pero seguía siendo un encanto, un sueño para mí verlo.


- Te amo – dije aunque ya no distinguiera si era un sueño o no pero, yo necesitaba decírselo porque cuando estuvimos juntos fui incapaz de pronunciarlo.


- Yo te amaba – sentí como se anudaba algo en mi corazón y se hacía presa de congelarse mortalmente mi alma – te amaba pero creo que nuestras peleas nos superaron esta vez y me quitó a mí toda una vida contigo.


- Es que… escúchame no éramos felices de alguna manera debía terminar.


- Solo tú no eras feliz, yo contigo si estaba feliz.


- No parecía.


- Me esforcé mucho e hice muchas cosas por ti.


- Y aún así seguías maltratándome en todos los sentidos.


- Nunca pudiste perdonarme no es así.


- Sigo sin perdonarte.




 Me miró fijamente, yo me quede callada empezaba a cambiar estos sentimientos de reencuentro por los de un ardor y un coraje sin igual.


- Es por eso que no estoy contigo.


- Tienes razón por ti ya no estoy aquí.


- No puedes culparme, tú tienes la culpa.


- No, fuiste tú la que alzó la mano, fuiste tú la que empuño el cuchillo cuando me veías salir por esa puerta y fuiste tú la que arrastró mi cuerpo y lo enterró en esa fosa clandestina del patio.


Sus palabras me quemaban como llamas ardientes en mi sien, me desesperaba, ya no quería tenerlo enfrente, subí a mi cuarto y me encerré, rápidamente el agotamiento me apreso y caí sobre los edredones.


Soñaba de nuevo con nuestros días felices, los días en que nos prometíamos la vida, la juventud y la vejez juntos tú y yo, la madurez de nuestra relación, el cariño perfecto… y tan pronto como los dulces sueños inundaban mi almohada, manchas rojas venían a estremecerme en la gran pesadilla, enfurecida como estaba te miraba mientras tu atabas tus cintas antes de marcharte para siempre, y como si fuera peor en mis oídos resonaban las últimas palabras que te dije ¨deje de amarte hace mucho tiempo, te odio tanto que quisiera verte muerto, vete¨ no sabía cómo había tomado ese cuchillo, no sabía cómo llego a tu espalda, no sabía cómo habías llegado tú a la fosa.



 Entonces desperté afuera había dejado de llover, el sol entraba tibio por la ventana y todo era un sueño, todo era un feo sueño y desperté. Me cambié y me bajé hacia el primer piso, iba a prepararme el desayuno cuando un escalofrió de lo peor se apodero de mí, él estaba sentado en la sala vestido como la última vez que lo vi, nada era un sueño, nada era una imaginación. Se levantó y se acerco tan rápido a mí, lo sentía así porque yo seguía quieta como piedra, él toco con su mano mi rostro de modo suave lo cual solo me dejaba más helada, solté lo que tenía en mis manos, él me tomaba con su mano huesuda, rodeo mi cintura y me condujo fuera de la casa, mis ojos estaban tan abiertos sin poder cerrarse, mis piernas temblaban y el frio poco a poco subía por mi cuerpo petrificado siendo conducido a la fosa donde lo había enterrado, frente a su tumba clandestina se abría ante mis ojos un infierno, la oscuridad del hoyo en esta tierra que nos empezaba a tragar, las miles de voces que gritaban lastimando mis oídos y poco a poco perdía la vista de la luz… se desvanecía… la luz era tragada por la sombra de sus ojos…

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